viernes

HIJOS DE LA BELLEZA


A José Cereijo


Hace bien al espíritu
contemplar la puesta del sol
en silencio y soledad. 
                                Es, a veces,
como si lo condujera a casa
tras haberse perdido, borracho
de tanto trajín, mental y físico.
Y los ojos, que quizá andaban
algo descolocados, de nuevo acogen
en puro entendimiento; no sólo los sedantes
colores del cielo: también
el escarabajo, la mala hierba, la hormiga,
lo que menos gracia aparenta,
lo que eliminamos
del jardín. Porque entonces
es la belleza misma, y no nosotros,
quien desde ellos mira. Y la belleza,
como cualquier madre que se precie,
quiere a todos sus hijos por igual.

*

Inédito

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