domingo

UNA HISTORIA TRISTE


Sus ojos, que son bien capaces de ser simplemente ojos, pero que son jueces sin plaza, dictaminaron que el maravilloso poema en cuestión es obra mía. No quisieron creer que me lo encontré, que mágicamente surgió, que yo sólo lo pulí, que si fuera obra mía no sería tan maravilloso como afirman. Me han tomado por un fabricante: no entienden que escribiendo soy un campesino pobre recogiendo setas. Y ahora me tienen preso y me golpean en la cabeza, lo más fuerte de mí, con palabras necias como estacas. Porque un poema maravilloso, según la ley que aplican, es algo que sin duda merece tal condena. Pero no es que ellos sean los malos ni que uno sea la víctima. Sencillamente es una historia triste, como hay tantas. Qué le vamos a hacer. Yo estoy tranquilo. Ya he pasado por esta situación y con mi tristeza de calcetín roto me fugaré de nuevo, me estoy fugando, ya me fugué, reparando en el canto de ese grillo, en el latido acompasado de esta noche.

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Inédito

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