jueves

BREVÍSIMO DISCURSO IMPROVISADO


La mañana me ha nombrado ayudante de la lluvia. Pero no esperen que me ponga a llover. Sólo es un verso que se me acaba de ocurrir. Alguno de los presentes quizá pueda aclarármelo. Yo únicamente puedo referir que el relámpago me despertó bruscamente. Su luz iluminó mi cueva de ocho horas y, ya en el exterior, garabateo, a ratos perdidos, en el lienzo del sueño que olvidé en ese momento. De repente la realidad, esplendorosa Marilyn unas veces, Marilyn cadáver otras, posa para mí que pintar no sé. No obstante, no pierdo la esperanza de aprender del sol y de la luna. Porque nosotros todos tenemos alguna esperanza. Hasta los suicidas tienen la suya, y acaso la mayor de todas, pues comprobado está que algunas tardes al ego le sienta mejor morir que merendar. Entonces la vida es dulce, dulce, dulce como una oveja que las manos acarician solas. ¿Pero a santo de qué, preguntarán, a santo de qué viene todo esto? Sinceramente, lo ignoro. Mis huellas, precediendo a mis pisadas, me han traído hasta aquí por un sendero que nunca antes había hollado. Y una cosa lleva a la otra y, al final, todas las cosas son la misma.

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Inédito

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