miércoles

UN POEMA DE GERMÁN BLEIBERG Y OTRO DE JOSÉ LUIS MARTÍN DESCALZO


Traigo a estos dos poetas, prácticamente olvidados, de una de vieja antología de poesía española preparada por Enrique Moreno Báez. 

***

Cuando volvamos a ese manantial de amor,
cuando volvamos a nosotros mismos,
olvidando las zarzas surgiendo del sendero,
los negros abismos que nos alejan
durante dolores, al parecer, invulnerables,
comprenderemos que la libertad
hay que buscarla en playas
de anónimas ondas,
donde la vida es una fruta
cada día arrancada del árbol firme
creciendo en nosotros mismos.
Y cuando cenicientos pájaros nos instalen
en la vertiente opuesta del ensueño,
como exangües héroes
cansados de la estéril batalla
que ninguna victoria corona,
en la sombra proyectada del olvido
aún musitará una flor herida
la canción de nuestras huellas silenciosas,
huellas rezumando eternidad,
porque habremos aprendido
que el amor es el vivo principio nuestro
de cada día,
principio fúlgido entre tinieblas,
cuando volvamos al manantial,
donde el mundo finge su origen,
su cálido rescoldo,
su involuntario nacimiento.

GERMÁN BLEIBERG

*

Tus palabras no eran tan sólo para hablar,
como un cántaro no es para llevar agua solamente.
Tu corazón no era para repartir sangre,
como el sol no es tan sólo para derramar luz.
Tus pasos no eran para caminar,
como el agua no es para ser bebida.
Tú estabas en tus cosas dos millones
de veces, repetido, multiplicado
como el pan. Vivías
en una galería de espejos milagrosos.

JOSÉ LUIS MARTÍN DESCALZO

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