martes

DEBATE LÍRICO


No importa si es verdad o me lo invento: ahora mismo, en algún lugar de ese heterogéneo repertorio de posibilidades que llamamos mundo, un pájaro canta en un árbol. ¿Qué pájaro? ¿En qué árbol? Eso es lo de menos. El quid es que ala y raíz, canto y silencio, se juntan y conjuntan un instante. Cinco observadores líricos, detenidos en ese lugar, debaten sobre tan trillado pero inagotable asunto.
"Parece que canta todo el árbol", dice el observador número 1.
"Eso es porque el pájaro es un gran ventrílocuo", le responde ramonista el número 2.
El 3, muy serio, discrepa abiertamente con los anteriores: "Lo que aquí se revela es que en el fondo no hay árbol. Hay un pájaro en otro. Todo está en vuelo".
El 2, incrédulo, sugiere al 3 que tome tierra: "Aquí no se revela nada. Sólo hay un pájaro cantando en un árbol. Para qué darle más vueltas. Es fascinante tal cual".
El 4 aporta, premítico, una visión muy otra que ninguno toma demasiado en cuenta: "El pájaro está pregonando la más profunda, ancestral sensación del árbol, expresable únicamente a través de la música".
El 1 interviene de nuevo, tan comunicativo y sincero como nada sentencioso: "No sé. A mí me da la impresión de que el árbol se está haciendo, de algún modo, responsable del pájaro. Un poco como si fuera, si queréis, su hermano mayor".
El 5, que estaba como en Babia, se manifiesta de pronto convencido y exultante: "¡Lo tengo! Pájaro y árbol desaparecen en el canto, en lo único que existe en este momento".
"¡Acabáramos!", exclama irónico el 2.
El pájaro se calla de repente y el silencio que deja, lleno de vida, origina un nuevo debate. Pero eso es otra historia.

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