lunes

ALGÚN DÍA


(Frase encontrada  al teclear en google: "mariquita mala")


Tengo un amigo mariquita (pese a no ser homófobo, no me sale natural, ahora mismo, decir "homosexual" ni "gay") con el que a veces me divierte discutir de política. Pues que nunca ha practicado ningún deporte, se toma la dialéctica como una competición que no puede, no sabe perder. Una competición de inteligencia, según tengo entendido. Él apoya a Pedro Sánchez porque es un fiel votante del PSOE, y como el político socialista es apuesto como un madelman jamás se muestra crítico con él. Tampoco con Zapatero, dado que su gobierno presentó el proyecto de ley para aprobar el matrimonio homosexual y lo acabó aprobando, hecho sin duda de justicia social por el que mi amigo mariquita pasa por alto las faltas del Joker de Valladolid: se ha convertido, para él, en un icono, en un santo, en un intocable. En definitiva, que este amigo mío es un hombre de partido. Yo, en cambio, no apoyo a ninguno. Estoy en contra de todos. Muy en contra. Comparo a los actuales líderes de los partidos mayoritarios con comerciales sin experiencia, y no voy a depositar mi preciosa fe en los productos que ofrecen. Y aunque en el fondo mi amigo mariquita y yo pensamos parecido suelo arreglármelas para ponerle un tanto nervioso. Es relativamente fácil. ¡Ni siquiera comprende que la CE, cuando en su artículo 2 habla de nacionalidades, no lo hace para reconocerlas jurídicamente (sólo reconoce el derecho a la autonomía), sino porque es muy lista y deja que cada español, románticamente, se sienta de la nacionalidad que quiera! En fin. Que a este amigo mío le atraigan los hombres no es un defecto ni nada de lo que burlarse, por descontado, pero me sirve para que os hagáis una idea de su perfil caracterológico: es un poco lo que llaman -con desdén o con cariño, según quién y cómo se lo llame- una mariquita mala, un mariquita a su manera duro, acostumbrado además a imponerse a rivales muy blandos. Y pese a mis limitaciones yo le resulto, cuando quiero, algo incómodo, ya que empleo la verdad y no me asusto ni me rindo así como así. Gracias en parte a ello creo que hoy le he ganado dialécticamente. ¿Cantar victoria? No se trata de eso. Pero algún día, si no le he ganado ya, le ganaré. Vaya que si le ganaré. Aunque él siempre gane o empate, algún día le ganaré. 

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