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lunes

POEMA DE CARLOS PUJOL


Lo traigo de la página A media voz.


PARA NOMBRAR EL MUNDO

Para nombrar el mundo,
que es claro y misterioso como el agua,
busco nuevas canciones que resuenen
como un campanilleo en la memoria.
Y el tiempo vuelve atrás, como si nunca
se le hubiera ocurrido abandonarnos,
y por unos instantes la alegría
parece sernos fiel
y quedarse esta vez ya para siempre.

sábado

OTRO POEMA AFRICANO


También del libro Poesía africana:


HEMOS LLEVADO LA LUZ DE FRENTE
  
        (Kabila)

Hemos llevado la luz de frente,
de tu viña al país de los hombres libres.

Tu bello cielo es azul,
más que el agua del mar
en el momento en que el sol quema las piedras.

Los pastores, que existen desde siempre
y son más numerosos que estrellas en el cielo,
serán mimados, mientras sean, a estocadas.

DOS POEMAS DE SALVADOR ESPRIU


De su Antología lírica, con traducción al castellano de José Batlló:


LLAMA

En círculo, noche, observan
reciente silencio, mármol
en triunfo, apagada
boca rebelde. ¿Qué ritmo
extraño de metales, por árido
reino, te conduce
a un desnudo combate? Presiento
cómo se convierte en difícil,
perverso, príncipe de muertas
flores cenicientas, palabras.

*

POCO MÁS O MENOS, AMOR

Estalla tu risa, y miro
cómo crece en la garganta
un vulgar disfraz
de deseos metafísicos.

Ante mí, creerías
que pienso en ti, cuando siento
tan sólo pesadumbre de árboles,
salvajes clamores de sueños.

Te he visto llena de tristes
pecados y faringitis.
Mas, detenido para siempre
por fríos obstáculos de horas,
tanto da que te ame,
a ti o a cualquier otra.

jueves

DOS POEMAS DE JAIME SABINES


En su Recuento de poemas. De maravillosos poemas:


EL DIABLO Y YO NOS ENTENDEMOS

El diablo y yo nos entendemos
como dos viejos amigos.
A veces se hace mi sombra,
va a todas partes conmigo.
Se me trepa a la nariz
y me la muerde
y me la quiebra con los dientes finos.
Cuando estoy en la ventana
me dice ¡brinca!
detrás del oído.
Aquí en la cama se acuesta
a mis pies como un niño
y me ilumina el insomnio
con luces de artificio.
Nunca se está quieto.
Anda como un maldito,
como un loco, adivinando
cosas que no me digo.
Quién sabe qué gotas pone
en mis ojos, que me miro
a veces cara de diablo
cuando estoy distraído.
De vez en cuando me toma
los dedos mientras escribo.
Es raro y simple. Parece
a veces arrepentido.
El pobre no sabe nada
de sí mismo.
Cuando soy santo me pongo
a murmurarle al oído
y lo mareo y me desquito.
Pero después de todo
somos amigos
y tiene una ternura como un membrillo
y se siente solo el pobrecito.

*

ME ENCANTA DIOS

Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma nada en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa una mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos.

Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida -no tú ni yo-, la vida, sea para siempre.

Ahora los científicos salen con su teoría del Big Bang...Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencia de viajes.

A mí me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso que el otro día descubrí que ha hecho -frente al ataque de los antibióticos- ¡bacterias mutantes!

Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble. 

Mueve una mano y hace el mar, y mueve la otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento.

Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, y manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia -y se agita y crece- cuando Dios se aleja.

Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy.

A mí me gusta, a mí me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios.

martes

POEMA DE ULALUME GONZÁLEZ DE LEÓN


L´ESPRIT DE LA LANGUE

No podrías hablar en pájaro
No podrías hablar en viento
No podrías hablar en mar
Te faltaría
                  creo
l´esprit de la langue

Lo que han dicho la ola    el aire    el mirlo
no admite discusión

Tú en cambio tuerces
                                    retuerces las palabras

*

Traído de la página A media voz

POEMA DE IDEA VILARIÑO


Del libro Vuelo ciego:


DÓNDE EL SUEÑO CUMPLIDO

Dónde el sueño cumplido
y dónde el loco amor
que todos
o que algunos
siempre
tras la serena máscara
pedimos de rodillas.

lunes

POEMA DE FEDOR SOLOGUB


Lo traigo de la página A media voz.

*

El camino ha sido largo y difícil.
Voy solo por un país desierto,
pero aún así no me han faltado los placeres:
sonrío, me entretengo,
yo mismo me doy ánimos
para no aburrirme en este viaje.

Son vastas mis comarcas,
mis brumas son espléndidas,
la luna es luminosa
y el viento libertino me canta
sin palabras, en su lengua exuberante,
acerca de las dichas de la vida.

POEMA DE GABRIEL CELAYA




TODAS LAS MAÑANAS, CUANDO LEO EL PERIÓDICO

Me asomo a mi agujero pequeñito.
Fuera suena el mundo, sus números, su prisa,
sus furias que dan a una su zumba y su lamento.
Y escucho. No lo entiendo.

Los hombres amarillos, los negros o los blancos,
la Bolsa, las escuadras, los partidos, la guerra:
largas filas de hombres cayendo de uno en uno.
Los cuento. No lo entiendo.

Levantan sus banderas, sus sonrisas, sus dientes,
sus tanques, su avaricia, sus cálculos, sus vientres
y una belleza ofrece su sexo a la violencia.
Lo veo. No lo creo.

Yo tengo mi agujero oscuro y calentito.
Si miro hacia lo alto, veo un poco de cielo.
Puedo dormir, comer, soñar con Dios, rascarme.
El resto no lo entiendo.

POEMA DE EUGENIO DE ANDRADE




PLAZA DE LA ALEGRÍA

Huele bien: a café recién hecho, o mejor, a café mezclado con el olor de las violetas que el pequeño vendedor ha puesto encima de mi mesa, insistiendo para que le comprase un ramo. ¿A quién se lo iba a dar? Eso mismo le dije, que vivía en Oporto como quien vive en la isla del Cuervo, no tenía a nadie a quien darle una flor. El chavalito, con ojos oscuros de potro manso, sintiendo que mi negativa era débil, no se marchaba. Terminé por comprarle las violetas y ofrecérselas a la luna, que acababa de surgir en la esquina de la plaza, blanca, redonda, carnosa, y al aceptarlas, pese a ser puta vieja, se puso del color de las cerezas.

sábado

POEMA DE SARA TEASDALE


Lo traigo del diario El Comercio, concretamente de la sección que rige Vanessa Gutiérrez, donde se recoge como muestra del libro Canciones de amor.

***

LA MIRADA

Strephon me besó en primavera,
Robin en otoño,
pero Colin sólo me miró
sin llegar nunca a besarme.

El beso de Strephon se perdió entre bromas,
el de Robin entre juegos,
pero el beso en los ojos de Colin
me persigue noche y día.

POEMA DEL ARCIPRESTE DE HITA


Juan Ruiz no sólo escribía en cuaderna vía, esa gran olvidada. Para muestra, en el Libro de buen amor (dónde si no):


CANTICA CONTRA LA VENTURA

Ventura astrosa,
cruel, enojosa,
captiva, mezquina,
¿por qué eres sañosa
contra mí, tan dapñosa
e [tan] falsa vezina?
Non sé escrevir
nin puedo dezir
la coita estraña
que me fazes sofrir;
non deseo bevir
en tormenta tamaña.
Fasta oy todavía
mantoviste porfía
en me maltraer;
faz ya cortesía
e dame alegría,
gasajo e plazer.
E si tú me tirares
coita e pesares,
e mi grand tribulança
en goço tornares,
e bien ayudares,
farás buena estança.
Mas si tú porfías
e non te desvías
de mis penas crecer,
ya las coitas mías
en muy pocos días
podrán fenecer.

jueves

SIEMPRE NOS QUEDARÁ JUAN RAMÓN (VIII)


Siempre podremos volver a Platero y yo, que es para lectores de todas las edades:

XVII

EL NIÑO TONTO

Siempre que volvíamos por la calle de San José, estaba el niño tonto a la puerta de su casa, sentado en su sillita, mirando el pasar de los otros. Era uno de esos pobres niños a quienes no llega nunca el don de la palabra ni el regalo de la gracia; niño alegre él y triste de ver; todo para su madre, nada para los demás.

Un día, cuando pasó por la calle blanca aquel mal viento negro, no vi ya al niño en su puerta. Cantaba un pájaro en el solitario umbral, y yo me acordé de Curros, padre más que poeta, que, cuando se quedó sin su niño, le preguntaba por él a la mariposa gallega:

Volvoreta de`aliñas douradas...

Ahora que viene la primavera, pienso en el niño tonto, que desde la calle de San José se fue al cielo. Estará sentado en su sillita, al lado de las rosas únicas, viendo con sus ojos, abiertos otra vez, el dorado pasar de los gloriosos.

martes

POEMA DE GIUSEPPE UNGARETTI


Borges, en su magnífico Libro de sueños, incluye este poema. De ahí se viene.

*

ENTRESUEÑO

Presencio la noche violentada

El aire está cribado
como un encaje
por los escopetazos
de los hombres
retraídos
en las trincheras
como los caracoles en sus conchas

Me parece
que un jadeante
enjambre de picapedreros
golpea el empedrado
de piedras de lava
de mis calles
y lo escucho
sin ver
en el entresueño

lunes

POEMA DE FRANCESCO PETRARCA




CVI

Una nueva angelita desde el cielo
a una fresca ribera se baxaba
por do llevado m`había mi destino,
y viendo que iba solo, allí en el suelo
un lazo que de seda urdiendo estaba
me puso en lo más verde del camino.
Asióme y con la luz que resurgía
lleno quedó mi pecho de alegría.

domingo

TEXTO DE VIKTOR E. FRANKL


Un texto con aliento poético, pero inserto en un ensayo -muy recomendable- de Viktor E. Frankl: El hombre en busca de sentido. 

***

CUANDO TODO SE HA PERDIDO

Mientras marchábamos a trompicones durante kilómetros, resbalando en el hielo y apoyándonos continuamente el uno en el otro, no dijimos palabra, pero ambos lo sabíamos: cada uno pensaba en su mujer. De vez en cuando yo levantaba la vista al cielo y veía diluirse las estrellas al primer albor rosáceo de la mañana que comenzaba a mostrarse tras una oscura franja de nubes. Pero mi mente se aferraba a la imagen de mi mujer, a quien vislumbraba con extraña precisión. La oía contestarme, la veía sonriéndome con su mirada franca y cordial. Real o no, su mirada era más luminosa que el sol del amanecer. Un pensamiento me petrificó: por primera vez en mi vida comprendí la verdad vertida en las canciones de tantos poetas y proclamada en la sabiduría definitiva de tantos pensadores. La verdad de que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre. Fue entonces cuando aprehendí el significado del mayor de los secretos que la poesía, el pensamiento y el credo humanos intentan comunicar: la salvación del hombre está en el amor y a través del amor. Comprendí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad -aunque sea sólo momentáneamente- si contempla al ser querido. Cuando el hombre se encuentra en una situación de total desolación, sin poder expresarse por medio de una acción positiva, cuando su único objetivo es limitarse a soportar los sufrimientos correctamente -con dignidad- ese hombre puede, en fin, realizarse en la amorosa contemplación de la imagen del ser querido. Por primera vez en mi vida podía comprender el significado de las palabras: "Los ángeles se pierden en la contemplación perpetua de la gloria infinita".
Delante de mí tropezó y se desplomó un hombre, cayendo sobre él los que le seguían. El guarda se precipitó hacia ellos y a todos alcanzó con su látigo. Este hecho distrajo mi mente de sus pensamientos unos pocos minutos, pero pronto mi alma encontró de nuevo el camino para regresar a su otro mundo y, olvidándome de la existencia del prisionero, continué la conversación con mi amada: yo le hacía preguntas y ella contestaba; a su vez ella me interrogaba y yo respondía.
"¡Alto!" Habíamos llegado a nuestro lugar de trabajo. Todos nos abalanzábamos dentro de la oscura caseta con la esperanza de obtener una herramienta medio decente. Cada prisionero tomaba una pala o un zapapico.
"¿Es que no podéis daros prisa, cerdos?" Al cabo de unos minutos reanudamos el trabajo en la zanja, donde lo dejamos el día anterior. La tierra helada se resquebrajaba bajo la punta del pico, despidiendo chispas. Los hombres permanecían silenciosos, con el cerebro entumecido. Mi mente se aferraba aún a la imagen de mi mujer. Un pensamiento me asaltó: ni siquiera sabía si ella vivía aún. Sólo sabía una cosa, algo que para entonces ya había aprendido bien: que el amor trasciende la persona física del ser amado y encuentra su significado más profundo en su propio espíritu, en su yo íntimo. Que esté o no presente, y aun siquiera que continúe viviendo, deja de algún modo de ser importante. No sabía si mi mujer estaba viva, ni tenía miedo de averiguarlo (durante todo el tiempo de reclusión no hubo contacto postal alguno con el exterior), pero para entonces ya había dejado de importarme, no necesitaba saberlo, nada podía alterar la fuerza de mi amor, de mis pensamientos o de la imagen de mi amada. Si entonces hubiera sabido que mi mujer estaba muerta, creo que hubiera seguido entregándome -insensible a tal hecho- a la contemplación de su imagen y que mi conversación mental con ella hubiera sido igualmente real y gratificante: "Ponme como sello sobre tu corazón...pues fuerte es el amor como la muerte". (Cantar de los Cantares, 8, 6.)

sábado

DOS POEMAS DE JOSÉ ÁNGEL VALENTE


Ambos los traigo de su Poesía completa.

***

LA PEQUEÑA luz
de los colibríes
en las ramas
del amanecer.

Bebían la flor, bebían
su naturaleza en ella.

Y la flor despertaba, súbita
en el aire,
encendida,
incendiada, embebida de alas.

[De Al Dios del lugar]

7

Palidecen los sueños,
cae la noche en la noche.
Ya no hay luz que no sea
la blancura de tus senos.

Aíslame en el hálito.

Que pueda oír aún,
como Alexandr Blok,
el chillido de las galaxias
cuando brille en el cielo la encendida cola
del cometa Halley y cuando todas
las señales del fin
hayan sido juntadas.
                                  Vamos
hacia la tarde, amor, del siglo
sin saber si aún habrá
ventura saecula
o si el rostro del enigma no será
nuestro rostro en el espejo
y si todas las palabras
no se habrán,
sin saberlo nosotros, por sí mismas cumplido.

[De Cantigas de Alén]

jueves

LÍRICA TRADICIONAL CASTELLANA


Si te vas a bañar, Juanilla,
dime a cuáles baños vas.

Si te entiendes d`ir callando,
los gemidos que iré dando,
de mí compasión habrás:
dime a cuáles baños vas.

         *

¿Qué me queréis, caballero?
Casada soy, marido tengo.

Casada soy, y a mi grado,
con un caballero honrado,
bien dispuesto y bien criado,
que más que a mí yo lo quiero.
Casada soy, marido tengo.

Casada soy por ventura,
pero no ajena de tristura:
pues hice yo tal locura,
de mí misma yo me vengo.
Casada soy, marido tengo.

***

Del libro Cancionero sin nombre

miércoles

UN POEMA DE GERMÁN BLEIBERG Y OTRO DE JOSÉ LUIS MARTÍN DESCALZO


Traigo a estos dos poetas, prácticamente olvidados, de una de vieja antología de poesía española preparada por Enrique Moreno Báez. 

***

Cuando volvamos a ese manantial de amor,
cuando volvamos a nosotros mismos,
olvidando las zarzas surgiendo del sendero,
los negros abismos que nos alejan
durante dolores, al parecer, invulnerables,
comprenderemos que la libertad
hay que buscarla en playas
de anónimas ondas,
donde la vida es una fruta
cada día arrancada del árbol firme
creciendo en nosotros mismos.
Y cuando cenicientos pájaros nos instalen
en la vertiente opuesta del ensueño,
como exangües héroes
cansados de la estéril batalla
que ninguna victoria corona,
en la sombra proyectada del olvido
aún musitará una flor herida
la canción de nuestras huellas silenciosas,
huellas rezumando eternidad,
porque habremos aprendido
que el amor es el vivo principio nuestro
de cada día,
principio fúlgido entre tinieblas,
cuando volvamos al manantial,
donde el mundo finge su origen,
su cálido rescoldo,
su involuntario nacimiento.

GERMÁN BLEIBERG

*

Tus palabras no eran tan sólo para hablar,
como un cántaro no es para llevar agua solamente.
Tu corazón no era para repartir sangre,
como el sol no es tan sólo para derramar luz.
Tus pasos no eran para caminar,
como el agua no es para ser bebida.
Tú estabas en tus cosas dos millones
de veces, repetido, multiplicado
como el pan. Vivías
en una galería de espejos milagrosos.

JOSÉ LUIS MARTÍN DESCALZO

martes

RUBAYAT DE OMAR JAYYAM


72

Si no sigues el camino del arrebato no será;
si no te lavas la cara con sangre del corazón no será.
¿Qué imaginas? Si como los corazones en llamas
no te abandonas del todo, no será.

164

Anoche tiré la copa vidriada contra una piedra.
Estaba embriagado cuando hice esta exhibición.
Dirigiéndose a mí, la copa así decía:
yo era como tú, tú serás como yo.

***

Rubayat. Traducción de Clara Janés y Ahmad Taherí.