sábado

HOJA DE TRIGO


¿Será normal esto de estar siempre atravesando, como interminable campo de trigo, una profunda crisis de fe en la poesía? Por todas partes poetas tuertos, con un ojo en la posteridad; por todas partes graves intoxicaciones filológicas; por todas partes versos que suenan bien y se olvidan mejor. ¡Quiero ponerme en contacto con el papa!

ACONTECIMIENTOS NOCTURNOS


Tercera noche en casa de unos amigos que se han ido de viaje. Me han dejado disfrutar de ella a cambio de que haga las veces de guardés: últimamente –me advirtieron preocupados– ha habido numerosos robos violentos por la zona. Y como he venido solo y no quiero que ningún caco me sorprenda paso casi todo el tiempo en la planta baja, bien a mano un bate de béisbol, y cuando me empiezan a pesar los párpados subo a dormir y despierto a mi yo dormido, para que me releve él de la vigilia. En esto, cómo no acordarse de la Zambrano: Hay que dormirse arriba en la luz. Hay que estar despierto abajo en la oscuridad. Pero hace un rato me desperté en la habitación, y al bajar a la cocina a por un vaso de agua he visto, estoy viendo que mi yo vigilante se ha dormido profundamente, la cabeza reclinada sobre un cuaderno abierto. Lo cojo con cuidado de no interrumpir su sueño y leo sorprendido estas palabras, las que yo mismo estaba soñando antes de despertar. (De fondo, con aromas del silencio, el canto del mirlo ambienta la lectura).

miércoles

LAS TRES PLUMAS


Con objeto de convertirme en un escritor metódico, la semana pasada me agencié tres plumas diferentes: una para las verdades, otra para las mentiras y una tercera para las verdades poéticas, que son las que yo prefiero, porque suelen ir más allá de la verdad y la mentira, liberándose de ambas, o conduciéndolas, en dichoso vuelo, hacia regiones alejadas de lo consabido. Pero mi plan ha fracasado estrepitosamente, pues vengo quedándome titubeante y trágico durante horas, frente a mis tres plumas, sin saber muy bien cuál corresponde a cada ocasión. Y harto de dudas acabo -como el que dispara a bulto, a ver si acierta- escribiendo cada línea con una pluma diferente. Es patético.

domingo

PRINCIPIOS DE OTOÑO (PLAQUETTE INÉDITA)


EVOCACIÓN

Cachorro grande y bueno,
el calor de aquel verano
jugaba sin medir su fuerza:
a todos daba su amor
sin reservas ni requisitos,
sobre cualquiera brincaba
encantadoramente torpe.
Algunos sentíamos vergüenza
de anhelar el regreso del otoño.


DISCURSO BREVE

La mañana me ha nombrado ayudante de la lluvia. Pero no esperen que me ponga a llover: sólo es un verso que se me acaba de ocurrir. Qué quieren que yo les diga. Ustedes ya saben cuanto se puede saber de poesía. Lo que no saben es que me despertó un relámpago. Su luz iluminó mi cueva de ocho horas y, ya en el exterior, garabateo, a ratos perdidos, en el lienzo del sueño que olvidé en ese momento. De repente la realidad, esplendorosa Marilyn, jamás cadáver, posa para mí que pintar no sé. No obstante, tengo la esperanza de aprender del sol y de la luna. Porque nosotros todos tenemos una esperanza. Hasta los suicidas tienen la suya, y acaso la mayor que pueda tenerse, pues comprobado está que en ocasiones al ego le sienta mejor morir que merendar. Entonces la vida es dulce, dulce, dulce como una oveja que las manos acarician solas. ¿Pero a santo de qué, preguntarán, a santo de qué viene todo esto? Sinceramente, lo ignoro. Mis huellas, precediendo a mis pisadas, me han traído hasta aquí por un sendero que nunca antes había hollado. Y una cosa lleva a la otra y, al final, todas las cosas son la misma.


VISITA

El canto de los pájaros entra por mi ventana como un muchacho que se confunde de apartamento al intentar colarse en el cuarto de su novia secreta sin que los padres de ella se enteren. No habla mi idioma, pero se hace entender con gestos. Pillo que se queda unos minutos como muestra de amistad.


SUCESO SINGULAR

A veces, cuando pienso, convencido,
tener algo importante que decir,
no hallo las palabras
y enmudezco.
                        Y sin embargo hoy,
hoy que nada especial quiero decir,
no he dejado de hablar ni un solo instante.
Del dormitorio a la nevera,
de la nevera a la salita,
de la salita al hall,
las palabras me asedian y me cuentan
de sus cosas, y yo que las pronuncio
tan sólo soy testigo vacilante,
incapaz de cerrar la boca ante su empuje.
Fracasada en su intento de sellarla
con pañuelos y apósitos,
mi amiga se ha escapado al mercadillo
aburrida de mí.
Y allí le contará el caso a su prima
-una emisora provinciana-
y pronto se sabrá en el mundo entero.
Entretanto,
mientras esto persista,
lo mejor será hacerme pequeño como un duende
y buscar ya escondite en algún cuento.


DICHA DE AMOR

¡Qué dicha grande la de estar en esta
casa que se me entrega, cual amante solícita,
con todos sus enseres!
¡Y qué dicha sentir, fuera de ella,
que jamás he salido, que es la vida mi casa
y que es uno la vida!


BENDICIONES

Estuve un rato fuera de mi nombre
-un nombre que no es más que un envoltorio-
y vi que ocupa el resto de los nombres
la misma vacuidad que habita en él.

Pero ahora que he vuelto
debo llamar al pan pan y al vino vino.
¿Cómo si no se entendería,
bendiciendo la mesa,
que nos comemos y bebemos
a nosotros mismos?


ESCENA DE INTERIOR

Genuinamente
la tarde le sonríe,
llena el cuarto de luz,
le facilita la labor
ahora que cose, luminosa también,
sentada junto a la ventana.

Llama a la puerta el pensamiento,
tantas veces oscuro vendedor
de vaguedades.
                          Abro y digo
no, gracias, buenas tardes.
Y cierro con la grata sensación
de que todo, pese a todo, es como debe ser.


ESTRIBILLO DEL CAMINO

Hambre y pan, tierra y cielo, piedra y carne,
todo se igualará de un tajo limpio y seco
el día que lleguemos a la nada
y ya no haya sufrimiento.


POEMA MEDITATIVO

Hace bien al espíritu
contemplar la puesta del sol
en silencio y soledad,
o en sosegada compañía.
Es, a veces,
como si lo condujera a casa
tras haberse perdido, borracho
de tanto trajín, mental y físico.
Y los ojos, que quizá andaban
algo descolocados, de nuevo acogen
en puro entendimiento; no sólo los sedantes
colores del cielo: también
el escarabajo, la mala hierba, la hormiga,
lo que menos gracia aparenta,
lo que eliminamos
del jardín. Porque entonces
es la belleza misma, y no nosotros,
quien desde ellos mira, quien se ve reflejada,
quien se acepta cual somos...


NOCHE DE OCTUBRE

Sus ojos, que son bien capaces de ser simplemente ojos, pero que son jueces sin plaza, dictaminaron que el maravilloso poema en cuestión es obra mía. No quisieron creer que me lo encontré, que mágicamente surgió, que yo sólo lo pulí, que si fuera obra mía no sería tan maravilloso como afirman. Me han tomado por un fabricante: no entienden que escribiendo soy un campesino pobre recogiendo setas. Y ahora me tienen preso y me golpean en la cabeza, lo más fuerte de mí, con palabras necias como estacas. Porque un poema maravilloso, según la ley que aplican, es algo que sin duda merece tal condena. Pero no es que ellos sean los malos ni que uno sea la víctima. Sencillamente es una historia triste, como hay tantas. Qué se le va a hacer. Yo estoy tranquilo. Ya he pasado por esta situación y con mi tristeza de calcetín roto me fugaré de nuevo, me estoy fugando, ya me fugué, reparando en el canto de ese grillo, en el latido acompasado de esta noche.


NOTAS

Suceso singular me figuro que es una especie de broma metapoética, pero juro que yo no quería bromear: como suele ocurrir, no sabía muy bien qué estaba haciendo al escribirlo. Me gustaría dedicárselo a alguna persona dicharachera y divertida, aunque no va a poder ser porque últimamente no soporto que un poema lleve dedicatoria. Y Poema meditativo floreció tras la gozosa lectura de Los dones del otoño, del excelente poeta y amigo José Cereijo -de quien adopta alguna de sus inflexiones características-, y justo es que aquí se reconozca.

sábado

TEXTOS HÍBRIDOS


HOY me detuve un momento con el hombre que nunca sale de casa sin paraguas. Hace muchos años que nos cruzamos, y jamás lo he visto sin su paraguas. Le pregunté el porqué de tan curiosa costumbre y me respondió que cada vez que sale de casa empieza a llover. “Pero ahora mismo no está lloviendo”, le dije. “Eso es lo que parece”, replicó.


CUANDO me llaman desde un número desconocido nunca descuelgo el aparato porque me pongo a eructar largamente y no quiero quedar como un maleducado. No lo puedo evitar. Es una reacción automática.


¿POR qué nadie me ha presentado a la garbosa peluquera que le rizó el rizo a Superman? Así de delirante inició el escritor su cuentecillo, pero una feminista compulsiva le vino a la cabeza en ese instante y las campanas doblaron por la fantasía: acaso fuera un hombre, convino con aquella, quien le rizó el rizo a Superman.


DE la noche a la mañana, las calles se han quedado desiertas de gente. Los sintecho yacen muertos, desatendidos, y el resto de seres humanos están todos conectados a Internet. Los que ya se han tratado se relacionan así más cómodamente, sin necesidad siquiera de vestirse, y los que no se conocen fantasean con cómo será quien se encuentra al otro lado de la pantalla. "¿Será un monstruo? ¿Será un príncipe?", se pregunta soñadora la bella Olivia. ¡Qué nervios!


QUIERO ejercer de escritor, pero mientras mi tonta no me regale unos pantalones de pana y un chaleco de lana no conseguiré mi propósito, ya que detesto profundamente ir de compras y sin esas prendas, por misterios de la vida ausentes en mi armario, es imposible ejercer de escritor como es debido. Sin embargo, si me regala los pantalones y el chaleco, ay, si me los regala, ejerceré de escritor veinticinco horas al día, seré un intelectual en toda regla. Poesía, novela, cuento, ensayo, teatro, columna periodística…, ningún género de todos los habidos y por haber se le resistirá a mi pluma. Llevaré, además, un minucioso diario en el que daré cuenta, le importe o no a la gente, de mi constante relectura de Dante y de la enorme fascinación que me provoca Bach, al igual que de mis enriquecedoras experiencias como conferenciante por el mundo entero, pues como tal seré sin duda requerido, y de mis encuentros con unos y con otros, ¡faltaría más!, en los numerosos actos literarios a los que acudiré, pantalón de pana y chaleco de lana, con una ensayada sonrisa por delante.