FUTURO IMPERFECTO
Cuando yo sea viejo, si llego a viejo,
me asomaré a este libro como a un río
bordeado de chopos.
Con ojos de casa despintada me asomaré,
y me veré caminando por la ribera
con un gracioso perrillo como sombra.
Entonces estos tiempos
serán aquellos tiempos, aquellos...
Quizá me ponga algo sentimental.
EL SAPO
Escuchar al político
me puso de los nervios.
Escuchar luego al sapo
me curó.
Su monótono canto
me curó.
Invocando a la madre
del cielo me curó.
El sapo es buen orante,
ya lo creo.
Orante acaso un tanto
contrahecho,
pero qué más dará,
qué más dará
después de viejos
la apariencia.
PARÍS MON AMOUR
Año 1974. Un joven estudiante hace cola para subir a la inefable Torre Eiffel cuando, de pronto, como la luna entre la niebla, ve surgir entre la gente la mirada verde y profunda de una desconocida con la que no vuelve a cruzarse jamás. Cuarenta y tantos años más tarde, en una librería de saldo, abre un libro al azar y se encuentra anotados estos versos: «Ay, París, París..., / se me ponen los ojos / verdes oscuros como los tuyos / cuando me acuerdo de ti».
TAL ES LA INSPIRACIÓN
A veces, cuando pienso, convencido,
tener algo importante que decir,
no hallo las palabras
y enmudezco.
Y sin embargo hoy,
hoy que nada especial pensaba yo decir,
no he dejado de hablar ni un solo instante:
del dormitorio a la nevera,
de la nevera al baño,
del baño al hall,
las palabras me asedian y me cuentan
de sus cosas, y yo que las pronuncio
tan sólo soy testigo vacilante,
incapaz de cerrar la boca ante su empuje.
Fracasada en su intento de sellarla
con pañuelos y apósitos,
mi amiga se ha escapado al mercadillo
aburrida de mí.
Y allí le contará el caso a su prima
—una emisora provinciana—
y pronto se sabrá en el mundo entero.
Entretanto,
mientras esto persista,
lo mejor será hacerme pequeño como un duende
y buscar escondite en algún cuento.
TODA LA ETERNIDAD
A mi madre
No pocos
de los que se fueron viven
en las fotografías, por lo menos
en las fotografías,
esa clase de islas misteriosas
alejadas del ruido.
Sí, papá
también.
Míralo ahí,
tan joven, jovencísimo, junto al Seat 600,
posando para ti cerca del mar.
No se mueve ni un pelo. No se cansa
de esperar y esperar y seguir esperando
por el clic.
Ahora es tan paciente.
Para volver contigo al coche
tiene toda la eternidad.









