domingo

Poema de Eugénio de Andrade

 
NIEVE

Te oigo en la extensión del sueño
con dificultad. El invierno, la nieve
que en él había, arde.
Era todo tan blanco: astros,
árboles, hasta las aves
que se abrigaban no sé
en qué aleros. Y llamaban,
llamaban desde la blancura de la nieve.
Ningún muro, ninguna puerta,
sólo la voz que me llamaba, dulce
y pequeña voz, que quería
compartir conmigo
el invierno, la nieve, el mundo
amaneciendo, anocheciendo, blanco.


[Traducción de Miguel Losada]



Poema de José Bergamín

 
Saltarines de tinieblas,
vagabundos del vacío,
sois mis mejores maestros
y mis mejores amigos.

Sois de tierra para el aire.
Para el fuego, de ceniza.
Y para mi corazón
sombras de su sombra huidas.



Poema de César Vallejo

 
EL DOLOR DE LAS CINCO VOCALES

A Otilia


Ves
lo
que
es

pues
yo
ya
no.

La
cruz
da

luz
sin
fin.

Lima, mayo de 1919.



Sugiere Coleridge


Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño y le dieran una flor como prueba de que había estado ahí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano... ¿entonces, qué?

S. T. COLERIDGE



Poema de José Ángel García

 
corazón de bicicleta
tu risa
recorre fresca
limpia
la
                    mañana



Poema de Idea Vilariño

 
TANGO

Yo vengo por la calle
compro pan
entro en casa
hay niebla y vengo triste
tu amor es una ausencia
tu amor digo mi amor
amor que quedó en nada.
Subo las escaleras
repasando esa historia
y me quedo en lo oscuro
tras de la puerta
amarga
pensando no pensando
en tu amor
en la vida
en la soledad que es
única certidumbre.

(1957)




jueves

¿Por qué será?

 
No sé a qué se debe, pero la palabra jónico expresa para mí muchísimo más de lo que dice el diccionario.


[Traducción de Manuel I. Montesinos Caperos]



Poema de Juan Ramón Jiménez

 
Saco mi esperanza, igual
que una deslumbrante joya,
de mi corazón –su caja–,
la paseo entre las rosas,
la mimo, como a una hija,
una hermana, o una novia,
la miro infinitamente,
... y la guardo, otra vez, sola.



Fragmento del poema Temblor de cielo, de Vicente Huidobro

 
La calle de los sueños no tiene árboles, ni una mujer crucificada en una flor, ni un barco pasando las páginas del mar.
La calle de los sueños tiene un ombligo inmenso de donde asoma una botella. Adentro de la botella hay un obispo muerto. El obispo cambia de colores cada vez que se mueve la botella.



Rilke, sobre la ironía

 
Ironía: no se deje dominar por ella, especialmente en momentos no creativos. En los momentos creativos intente servirse de ella, como de un medio más para captar la vida. Usada con pureza, también es pura, y no hay que avergonzarse de ella; y si se nota usted en excesiva familiaridad con ella, tema esa creciente intimidad, y vuélvase enseguida hacia objetos grandes y serios, ante los cuales sea usted pequeño e inerme. Busque la hondura de las cosas; allí no desciende nunca la ironía; y al dirigirse así al borde de lo grande, examine, a la vez, si esa manera de ver corresponde a una necesidad de su naturaleza. Pues esa manera, bajo el influjo de las cosas serias, o bien se desprenderá de usted (si es algo casual), o bien (si es realmente algo propio e innato en usted) se reforzará hasta ser un instrumento serio, ordenándose en la serie de los medios con que usted debe formar su arte.


[Traducción de José María Valverde]



Cinco estrofas del poema El gaucho Martín Fierro, de José Hernández

 
Dios formó lindas las flores,
delicadas como son;
les dio toda perfección
y cuanto Él era capaz;
pero al hombre le dio más
cuando le dio el corazón.

Le dio claridá a la luz,
juerza en su carrera al viento,
le dio vida y movimiento
dende el águila al gusano;
pero más le dio al cristiano
al darle el entendimiento.

Y aunque a las aves les dio,
con otras cosas que inoro,
esos piquitos como oro
y un plumaje como tabla,
le dio al hombre más tesoro
al darle una lengua que habla.

Y dende que dio a las fieras
esa juria tan inmensa,
que no hay poder que las venza
ni nada que las asombre,
¿qué menos le daría al hombre
que el valor pa su defensa?

Pero tantos bienes juntos
al darle, malicio yo
que en sus adentros pensó
que el hombre los precisaba,
pues los bienes igualaba
con las penas que le dio.



miércoles

Poema de Gloria Fuertes

 
¿OS HABÉIS PUESTO EN LUGAR DEL OTRO?

¿Os habéis puesto alguien alguna vez
en lugar del otro?

¿Habéis tenido alguna vez un ramalazo
de generosidad?

¿Habéis dejado todo
               aguantado todo
por quien queréis?

Si es así, estáis salvados.

–Pero... ¿Y si quien queremos no le interesa que le queramos?



Poema de T. S. Eliot

 
CÓMO LLAMAR A UN GATO

Ponerle nombre a un gato es harto complicado,
desde luego no es juego para los muy simplones.
Pueden pensar ustedes que estoy algo chiflado
cuando digo que al menos ha de tener tres nombres.
Lo primero es el nombre que le damos a diario;
como Pedro, Alonso, Augusto o Don Bigote;
como Víctor o Jorge o el simpático Paco.
Todos ellos son nombres bastante razonables.
Los hay más bonitos y que suenan mejor
para las damas y los caballeros,
como Admetus, Electra, Démeter, o Platón,
pero todos son nombres demasiado discretos.
Y un gato ha de tener uno más especial,
que sea peculiar, algo más digno.
¿Cómo, si no, va a alzar su rabo vertical
o atusar sus bigotes y mantenerse altivo?
De nombres de este tipo os puedo dar un quórum
como son Mankostrop, Quoricopat o Quaxo,
también Bamboliurina o, si no, Yellylorum,
son nombres que jamás compartirán dos gatos.
Pero a pesar de todo, nos queda un nombre más,
y ése es el que tú nunca podrás adivinar,
el nombre que los hombres jamás encontrarán.
Que SÓLO EL GATO LO SABE y no confesará.
Si un gato ves en meditación,
el motivo nunca te asombre.
Su mente está en contemplación
de la Idea Una de su nombre.
Su inefable, efable,
efanifable,
único, oscuro, inescrutable nombre.


[Traducción de Regla Ortiz]



sábado

Poema de Catulo

 
Tampoco tienes que admirarte, Rufo,
de que no haya mujer que esté dispuesta
a colocar sus muslos delicados
debajo de tu cuerpo, aunque la tientes
con el regalo de una fina tela
o el encanto de piedras deslumbrantes.
Te perjudica cierta habladuría:
según la cual habita en tus sobacos
un terrible cabrón. Todas lo temen.
Y no me extraña. Mala bestia es ésa
para que una mujer bella se acueste
a su lado. Por tanto, moraleja:
elimina esa cruel peste olfativa
o no te admires más cuando te esquiven.


[Traducción de Juan Antonio González Iglesias]




Nochebuena

 


viernes

Poema de Jaime Sabines

 

¡QUÉ COSTUMBRE TAN SALVAJE esta de enterrar a los muertos!, ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la faz de la tierra! Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.

Yo siempre estoy esperando que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?

Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras, paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando, amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.

Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlo a un río?

Habría que tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.




Poema de Wislawa Szymborska

 
A MI PROPIO POEMA

En el mejor de los casos 
serás, mi querido poema, atentamente leído,
comentado y recordado.

En el peor de los casos
sólo leído.

Hay una tercera posibilidad:
aunque escrito,
un instante después arrojado a la papelera.

Puedes optar aún por utilizar una cuarta salida:
desaparecer no escrito
ronroneando satisfecho algo para tus adentros.


[Traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán]



sábado

Poema de Wallace Stevens

 

ACERCA DE LOS PÁJAROS BRILLANTES Y AZULES Y DEL SOL FESTIVO

Algunas cosas, niño, son así,
súbitamente alegres, en sí mismas,
así somos tú y yo, oh miserable ser...

Cosas por un momento alegres, que son parte
de un elemento, el más justo para nosotros,
en el que pronunciamos la alegría como palabra nuestra.

Es así, imperfectos, y con estas
cosas, conocedores de la felicidad, sin haber aprendido,
como somos alegremente nosotros mismos,

sin esfuerzo mental, allí, en ese elemento,
sentimos, casi aparte, por un momento, como
si hubiese una brillante scienza ajena a nosotros,

la alegría que es ser, no tan sólo saber,
la voluntad de ser, ser en total confianza,
provocando una risa, un acuerdo, por sorpresa.


[Traducción de Andrés Sánchez Robayna, Daniel Aguirre y Andreu Jaume]



Poema de Arturo Corcuera

 
ABEJA

Disipas
la vida amarga,
camarada
abeja.

Te gana
tu amor profundo.

Comparto,
obrera,
tu sueño,
tu afán
de endulzar el mundo.



Poema de Walt Whitman

 
[HABÍA UN NIÑO QUE SALÍA TODOS LOS DÍAS]

Había un niño que salía todos los días, y el primer objeto que miraba o aceptaba con sorpresa o pena o amor o temor, en aquel objeto se convertía,
y aquel objeto se convertía en parte de él durante el día o cierta parte del día... o muchos años o largos ciclos de años.

Las lilas tempranas se volvieron parte de ese niño,
y la hierba, y los dondiego de día blancos y rojos, y el trébol rojo y blanco y el canto del papamoscas,
y los corderos de marzo, y la camada sonrosada de la cerda, y el potrillo de la yegua, y la ternera de la vaca, y las ruidosas aves del corral o del cenagal junto a la charca... y los peces tan curiosamente suspendidos en el agua... y el curioso y hermoso líquido... y las plantas acuáticas con sus elegantes cabezas planas... todos se volvieron parte de él.
Y los brotes de abril y mayo se volvieron parte de él... los brotes del cereal de invierno, y los del maíz amarillo, y las raíces comestibles del huerto,
y los manzanos cubiertos de flores, y la fruta después... y las frutas del bosque... y las hierbas más comunes junto a la carretera;
y el viejo borracho que se tambaleaba hacia su casa desde la letrina de la taberna de donde acababa de salir,
y la maestra que pasaba camino de la escuela... y los muchachos afables que pasaban... y los muchachos folloneros...  y las muchachas limpias y sanas... y el muchacho y la muchacha negros descalzos,
y todos los cambios del campo y la ciudad allá donde iba.

Sus propios padres... él que había expulsado la materia de la paternidad por la noche, y lo había engendrado... y ella que le había concebido en su vientre y le había parido...
ellos le dieron a este niño más de sí mismos que eso,
le dieron todos sus días... ellos se volvieron parte de él y de ellos.

La madre que en casa pone en silencio los platos para la cena, la madre de palabras suaves... con su cofia y su vestido limpios... un olor saludable se desprende de su persona y de sus ropas cuando camina:
el padre, fuerte, autosuficiente, varonil, mezquino, enfadado, injusto,
el golpe, la palabra alta y clara, la discusión reñida, la hábil táctica para convencer,
las costumbres de la familia, el lenguaje, la compañía, los muebles... el corazón anhelante y henchido,
el afecto indiscutible... el sentido de lo que es real... el pensamiento de que si después todo es irreal, las dudas del día y las dudas de la noche... los curiosos cuándo y cómo,
si las cosas son lo que parecen... ¿o si son todo destellos y manchas?
hombres y mujeres que se amontonan en las calles... si no son destellos y manchas ¿qué son?
las mismas calles, las fachadas de las casas... los artículos de los escaparates, 
vehículos... reatas de caballos, los embarcaderos escalonados, el intenso tráfico en las terminales del transbordador; el pueblo de la colina visto desde lejos a la puesta del sol...
el río en medio,
sombras... aureola y neblina... la luz que cae sobre los tejados de tejas blancas y marrones, vista a tres millas,
la goleta cercana que baja con la marea soñolienta... la barca que arrastran por la popa,
las olas rápidas que se desploman y crestas que se rompen y golpean;
los estratos de nubes de colores... la larga barra pardusca solitaria a lo lejos... la extensión de pureza en la que yace sin movimiento,
la línea del horizonte, el cormorán que vuela, la fragancia del saladar y del fango en la orilla;
todas estas cosas se convirtieron en parte de aquel niño que salía todos los días,
y estas cosas se volvieron parte de aquel o aquella que ahora las lee.


[Traducción de José Luis Chamosa y Rosa Rabadán]




Poema de Jaime García-Máiquez

 
AMANECE

Ha estallado la paz
muy
          poco
                    a
                        poco
y aún se puede tocar en la humareda
el sangriento fulgor de la ofensiva

la noche ha muerto
y el canto de los pájaros
es el rumor
del libro de la vida
al abrir una página




martes

Poema de Joan Brossa

 
PALMA DE MALLORCA

Best situation view to the bay and to
the wood. Rooms with all comfort,
private bath, telephone in every room.
Bar Service and Restaurant.

Beste Lage. Aussicht auf Hafen
und Wald. Zimmer mit allem Konfort
einschliesslich Bad und Telephon.
Eigene Bar und Restaurant.




Poema de José Luis Falcó

 
Desaparecen
los pájaros raptados.

Una última nube,
ociosa,
se disipa.

Para infinitamente contemplarnos
solos el monte y yo.




miércoles

Poema de León Felipe

 
REVOLUCIÓN

Siempre habrá nieve altanera
que vista al monte de armiño
y agua humilde que trabaje
en la presa del molino.

Y siempre habrá un sol también
–un sol verdugo y amigo–
que trueque en llanto la nieve
y en nube el agua del río.




jueves

Poema de José María Fonollosa

 
ZELESTE 2

Lo básico vital es sencillísimo:
amar, comer, dormir. Y eso ya basta
para hacer digno y bello el transcurrir
por un tiempo sembrado de regalos.

Me asombra descubrir la mucha gente
que vive de este modo. Que empezó
a vivir de este modo ya al principio.

Sin saberlo, quizá, sin meditarlo,
estaban en lo cierto. Amar, comer,
dormir es placentero. Y es lo básico.

Qué difícil camino a lo sencillo
he estado recorriendo muchos años
buscando la razón de la existencia.

Amar, comer, dormir. Esta es la clave
del porqué de la vida, el ser en ella.
Qué prodigio poder cada jornada
amar, comer, dormir. Cuántas delicias.



miércoles

Fragmento de Teresa Wilms Montt

 
XIII

Por la noche, penetro en mi alcoba como en un templo, tan fervorosamente, que mis rodillas se doblan. Porque allí está tu retrato, mirándome con esa bondad ilimitada del perdón.
    Beso el cristal helado, en el sitio que transparenta tu boca, y me regocijo en iluminar tus ojos con el reflejo de los míos brillantes de emoción.
    Junto mis manos sobre tu frente, y en trágica conmoción del alma, imploro tu compañía, el calor de tu protección cerca de mi lecho; y en fervoroso anhelo ruego al misterio para que tienda sobre mí el sudario del silencio.
   Hablo con tu retrato, criatura mía, derramando sobre él cosas pueriles y profundas, como si fueran flores; lloro, río y, sintiéndote en mis brazos, te canto como si hubieras nacido de mí.
    Y naces de mí; y para mí y en mí vives, porque para todos los demás estás muerto.
    Te extraje de la sangre más noble de mi corazón y te uní a mi destino para siempre.




Poema de Agustín de Foxá

 
LO INÚTIL

Esos gestos inútiles,
esas voces inútiles;
la del que vende juguetes que nadie compra,
la del que exhibe corbatas que producen risa.
Esa mano abierta en la lluvia,
la gorra en los dedos del campesino, en el salón;
esos gestos de nada;
esa voz de «doctor, sálvela»;
las palabras humildes,
la mirada suplicante ante lo inevitable,
esas botas del niño que no abrigan contra la nieve.
El tísico, en el banco, que se tapa el pecho
con un periódico, como esa lluvia sobre el río,
como la manta sobre el muerto
o aquel orillar del ahogado.
Todo lo sin motivo,
lo triste, lo pueril, lo ineficaz,
como este verso mío que no leerá nadie,
como el golpe de sol en los ojos del ciego.




martes

Poema de Antonio Colinas

 
INVIERNO TARDÍO

No es increíble cuanto ven mis ojos:
nieva sobre el almendro florido,
nieva sobre la nieve.
Este invierno mi ánimo
es como primavera temprana,
es como almendro florido
bajo la nieve.

Hay demasiado frío
esta tarde en el mundo.
Pero abro la puerta a mi perro
y con él entra en casa calor,
entra la humanidad.




lunes

Poema de Ángel Luis Luján

 
TODOS LOS SANTOS

Algunos los he visto
sentados frente al fuego, haciendo tiempo,
removiendo en silencio la ceniza.
Mi abuela, por ejemplo. Ella leía
con unas lentes gruesas que ocultaban
sus ojos, tan maduros de haber visto;
recuerdo las visitas por la tarde,
su silla en el balcón cuando la estela
del horizonte ardía con pureza
sobre su blanco pelo recogido.
Nos decía, sin prisas ni palabras,
lo lento que, al contrario que se piensa,
a veces pasa el tiempo.

Algunos se nos fueron tan deprisa
que atropellaron todas las palabras
con que nos consolaban de la vida:
aquel muchacho triste cuando aún
olíamos a escuela
y a plaza de ancho barrio.
El mundo le arañaba las pupilas,
miraba por pequeños surtidores:
logró no ver la noche por sus ojos.
Un camión lo aplastó mientras cargaba
patatas, y entre el hierro y las raíces
fundó nuestra experiencia de la muerte.

Y otros niños ahogados en el río,
o en las charcas, después se aparecían
en sueños y llevaban renacuajos
en las manos hundidas.
Y el abuelo que no llegó a besar
ni a uno solo de sus nietos
con sus labios antiguos y dormidos.

Los hay de todas las alturas, sexos,
calidades, y aquellos que no he visto
no me impresionan menos que los otros,
los muertos familiares. En conjunto
hoy todos son: la piedra que les pesa
y que les sobra, el nombre indiferente,
la vela de las ánimas que llora
de ausencia sobre un mueble de cocina,
y no ven marchitarse, ni el olor
les viene a perdonar de tantas cosas.

Y un día, cuando acabe la visita
que hacemos piadosos, secretamente alegres,
nuestros huesos comunes, los recuerdos mutuos
se irán desconociendo con los años,
arrojando puñados de cenizas al futuro
y así hasta que el olvido se haga dueño
de todo lo que fue. La muerte es el origen.




domingo

Poema de José Luis Jover

 
ESTRIBILLO PARA ESTRELLA

Porque lo vio tan triste,
una estrella de mar
fue nadando hasta el cielo
de la boca de un pez
para hacerle cosquillas
en el paladar.




Poema de Antonio Gamoneda

 
Una flor en mi muerte. Sólo una flor.

No un sueño colmado de luz ni una agregación de espíritus sostenida por una música sin límites.

Sólo una flor.




Poema de Antonio Rodríguez Jiménez

 
LA DERROTA

Como este perezoso sol de invierno
que insiste en maquillar de nuevo el cielo,
te visita otra vez la misma tarde
que una vez sucedió, pero persiste,
y dibuja el contorno del silencio.
¿Quién no ha sentido nunca la derrota?




martes

Fragmento de Gil Vicente

 
Quedad os ahí,
que me voy por aquí
a oír los ruiseñores:
no quiero escuchar amores,
pues nunca los conocí.

De la Floresta de engannos. Lo dice Grata Celia a Cupido.




lunes

Poema de Roberto Juarroz

 
Periódicamente,
es necesario pasar lista a las cosas,
comprobar otra vez su presencia.
Hay que saber
si todavía están allí los árboles,
si los pájaros y las flores
continúan su torneo inverosímil,
si las claridades escondidas
siguen suministrando la raíz de la luz,
si los vecinos del hombre
se acuerdan aún del hombre,
si Dios ha cedido
su espacio a un reemplazante,
si tu nombre es tu nombre
o es ya el mío,
si el hombre completó su aprendizaje
de verse desde afuera.

Y al pasar lista
es preciso evitar un engaño:
ninguna cosa puede nombrar a otra.
Nada debe reemplazar a lo ausente.




domingo

Poema de Juan Ramón Jiménez

 
                                       (Hojas literarias de «El Sol»)


ROCÍO, amor, rocío
sobre estas almas secas
–poetas diletantes–, críticos
almas en lata,
almas colgadas en el techo,
melones invernales,
pasas, mojama, higos.

Rocío, amor, rocío
de aurora que les recrudezca
la flor, que les empape
el fruto, que les enternezca
el olor.

¡Rocío, amor, rocío!




Poema de Carlos Edmundo de Ory

 
AUTOELEGÍA

Mi forma mi carácter mi deseo
Pensando que la noche azul se ponga
no sueño nada en detrimento mío

La corona que tengo en la cabeza
la soporto con gran resignación
Soy un rey desterrado en un retrete

No tengo pantalones y me escondo
debajo de mi cama muerto de hambre
Me alimento de muchas musarañas

La casa apuntalada de mis versos
es todo mi dominio personal
Y se orina mi alma por mis ojos

Si medito me duermo en un rincón
y el sueño que podía serme útil
se mete en una pierna y no sé en cuál

Mi candor mi paciencia mi descuido
Busco trabajo y pierdo mi salud
rezando mientras subo la escalera