lunes

Más aforismos


La formación de las montañas se debe a que las nubes piden teta a la tierra.


Los cursos de escritura creativa desprenden un olor característico.


La duda es una secretaria eficacísima.


Un poema sin poesía sabe a pan sin sal.


El sabio escucha el canto del ruiseñor. El erudito cita a Keats y a Borges.


Lo llaman reino vegetal, pero es una república.


Toda persona es decepcionante hasta que demuestre lo contrario.


La palabra aforista no está en el diccionario pues ahí ya se encuentran incomodador, entretenedor y ahondador.


Lo hermoso que sería parecerse a una ventana abierta por la que entrasen una rama desnuda y la brisa marina, con fondo de cielo azul y tres o cuatro nubes.


Uno no trasciende: no da para más que para ser trascendido.


¡Qué modernidad revelan las arcadas que produce, a veces, la modernez!


También la personalidad puede tener una persona muy marcada.


Sólo las palabras con los pies sobre la tierra logran emprender el vuelo. Las demás se caen a novelas abominables.


Manifestación de Dios: la chica poco agraciada que en la adolescencia no te dejaba a solas con su amiga buena y bonita, como dándote a entender que ésta (hoy que tiene amargado a su marido caes en ello) era un disfraz del diablo.


Un poeta metido en política es como un pájaro que a pesar del cielo abierto se introduce en una jaula. Con el comedero lleno de alpiste, por supuesto.


Nada más grave que perder por completo la ingenuidad.


Las redes sociales, el sanctasanctórum de las marujas.


Todo hombre de bien debe saber que lo mejor del teléfono móvil es que le permite ir hablando solo por la calle, sin parecer un loco, cuando se cruza con algún pesado.


Las estatuas públicas son frágiles: dependen del gobierno de turno.


El sol ilumina porque come mucha oscuridad.

jueves

¿En vano?


Tiene su gracia este alegato CONTRA LA VANIDAD:

No te hinches; ten en cuenta
que, al que se hincha,
si alguien lo pincha
lo revienta.


miércoles

8:54 p.m.





Trae mucha felicidad verlos saltar contentos, tan graciosos e inocentes


No se puede decir cosa más bella ni más a propósito que comparar las tetas hermosas de la Esposa a dos cabritos mellizos, los cuales, demás de la ternura que tienen por ser cabritos y de la igualdad por ser mellizos, y demás de ser cosa linda y apacible, llena de regocijo y alegría, tienen consigo un no sé qué de travesura y buen donaire, con que llevan tras sí y roban los ojos de los que los miran, poniéndoles afición de llegarse a ellos y de tratarlos entre las manos. [...]


Este fragmento pasa por un aforismo de los largos, pero es (aquí incompleto) uno de los comentarios de Fray Luis de León en su versión del Cantar de los cantares, que puede leerse íntegramente en el siguiente enlace: 

lunes



¡Tate!


[...]
Convertida en empresa, la lengua, sin que nadie se diese cuenta, ocupó el lugar de los murmullos, de las llamadas, de los quejidos, sordos o enérgicos; principio ordenador.
La lengua estaba destinada a ser UNA ADMINISTRACIÓN en la que toda conciencia tendría que entrar.
[...]


domingo

Más aforismos


Si hay que creerse un pensamiento, que sea uno que se sostenga ingrávido, por hermoso o agudo, a diez metros como mínimo de la cabeza.


Se escribe poesía erótica cuando no se tiene nada mejor que hacer.


Un lema: con la paz por delante y la navaja en el bolsillo.


No te moleste que se den tanta importancia. Todos andamos un poco escasos.


La gloria también es madrugar los lunes.


Una novia no se roba: se libera de otro.




sábado

Lo incorruptible


Eduardo Gil Bera, que hace un buen trabajo en el libro de la imagen, traduce el poema LO IMPERDONABLE como sigue:

Si olvidáis a los amigos, si os reís del artista,
y al más profundo espíritu tenéis por bajo y vil,
Dios lo perdona; pero no estorbéis
nunca la paz de los amantes.

Otra versión (hay muchas más) podría ser:

Si falláis al amigo, si os burláis del artista,
si al espíritu noble tomáis por bajo y vil,
Dios lo perdona; pero nunca turbéis
la paz de los amantes.

Haga del poema el suyo propio. Hölderlin lo perdona. La poesía será intraducible, pero una pureza como la de este poeta, que es también poesía, no se pierde al pasar de una lengua a otra ni al cambiar de ventrílocuo. 


9:05 a.m.



viernes



Padre de abuelo de abuelos


Aunque no son lo mejor suyo, los poemas familiares de Juan Ramón no caen en el sentimentalismo (ni lo temen, que es casi peor). A uno le ha quedado en la memoria el titulado MADRES:

A veces quiero en mi madre
a no sé qué madre eterna,
que vive fija en el tiempo,
madre de abuela de abuelas,
fuego en yo no sé qué todo
distante; que me contempla
con unos ojos ansiosos,
que me grita, que se acerca...



Perla


Bajo estas FORMAS, o las que ella quiera, siempre se me aparece maravillosa:

no sé si pájaro o jaula
mano asesina
o joven muerta entre cirios
o amazona jadeando en la gran garganta oscura
o silenciosa
pero tal vez oral como una fuente
tal vez juglar
o princesa en la torre más alta



Nada es imposible en el poema (aunque este se titule, autocrítico su autor, "Desvarío")


y
mañana
-bendita santa inconsciencia-
intentaremos de nuevo
apasionada
intensamente
que
nuestros actos
atrapen
-vano esfuerzo-
el
escurridizo
pez
del
tiempo




Un ejemplo del silencio que rodea la palabra



jueves

Echarle imaginación y humor es cosa importante


Una semana de vacaciones en un pisapapeles de cristal comprado en Coney Island. La anciana le quita el polvo cada día. La llamo "la anciana", pero en realidad parece un mono cuando mira por el cristal. No llevamos nada puesto, como es lógico. Estoy consiguiendo un bronceado fantástico, igual que mi mujer. De noche nos llega un poco de luz del acuario. Nos volvemos verdes. Mi mujer es un helecho salvaje de hojas voluptuosamente temblorosas. En el cielo de los pececillos hay paz y tranquilidad.



¡Eureka!


Dejo el poema
y salgo a ver el cielo.
No hay diferencia.



miércoles



Películas



¡Qué fracaso!


Prácticamente cualquier definición de poesía puede ser contradicha, o permite al menos una apostilla irónica, pues definirla es tan difícil como coger el agua o el aire con las manos, y de ello sólo son capaces -¡jo!- señores y señoras muy inteligentes que elaboran diccionarios normativos. Elliot, por ejemplo, decía algo así como que la poesía es una huida de las emociones y de la personalidad. ¡Se supone que pensaba (he aquí la apostilla) en un/a poeta con ambas cosas! Si no, tal huida sería, como el título de este poema, el triunfo de la gilipollez.



martes

Ignorantes ambos (como todos)


Lerdo el que quiere pruebas de lo que no Percibe.
Y necio el que se afana en convencerlo.




Bendita duda


No sé si es rayo de luna
o si es mi preciosa amiga.
Si es la luna por los cielos
o ella en el pozo del agua.
Si la luna habrá surgido
o ella me habrá sonreído.
Si la luna se marchó
o ella no me respondió.





Una novia no se roba: se libera de otro





Lo de separar el grano de la paja



lunes



Con delicadeza siempre, con remilgos nunca


No es mal programa el que propone esta Bestia (así se titula el poema) a partir del quinto verso:


Bruto
soy una bestia
los grilletes del respeto humano
contra mis manos nada podrán

Apartar cuanto me obstaculiza
rechazar las escorias
y de un puñetazo
pulverizar las florituras

recobrar la fuente primera



domingo



Del diario


18 de julio de 2020.

Aniversario de boda de mis padres. "A ella no la felicites, que llevo ya dos años muerto", me dice él.

*

He comenzado este diario sin pensar en otro lector que en mí. Descarto la idea de intentar caerme simpático. Me quedaré satisfecho si al darlo por acabado sigo soportándome mal que bien. De momento, ya me empieza a costar un poco. 


19 de julio

Estoy de vacaciones. Pienso que estar de vacaciones es lo más parecido a mi estado natural. Cuánto me gustaría retirarme pronto. Sólo necesito quinientos mil euros o así. Algo se habrá hecho mal para que volver a la esencia cueste tanto dinero.


20 de julio

Empiezo a leer Océano mar, una novela que me regalaron hará trece o catorce años. Quizá no sea tan mal lector de ese género como me creo. Lo que es innegable es que a veces tardo mucho en empezarlas. No sé muy bien por qué me pasa esto. Supongo que no me anima ver juntas tantas palabras, oliéndose el sudor unas a otras como usuarios del metro en hora punta, sabiendo uno que son, o suelen ser, una mentira.


21 de julio

Me han pasado muchas cosas, como a todo el mundo. Sobre todo los días que, como hoy, no me ha pasado nada reseñable. 


22 de julio

Me quito la mascarilla un momento, en una calle vacía, para darme un respiro, con tan mala pata que de pronto aparece de la nada un coche de policía. "¿Por qué no lleva puesta la mascarilla?", me pregunta el agente que va en el asiento del acompañante. Le digo la verdad mientras me la coloco -la llevaba en la mano- y me pide el DNI. Me dejan marchar tras ficharme y me voy pensando que la libertad, en estos tiempos, no es más que el consuelo de llamar imbéciles por lo bajo -sin que puedan, gracias a la mascarilla, leerte los labios- a dos policías aburridos.

*

Viaje a Cuenca en tren. Me aburro. Mi imaginación se va por la ventana de emergencia.


23 de julio

Luminosísima tranquilidad provinciana. Me siento en mi salsa.


24 de julio

Confirmo que ha sido admitido a concurso un cuadernito de poemas. Lo he mandado en busca del momento de euforia. Echo en falta dar saltos de alegría.


25 de julio

Cuenca y la luz son una, pero, de no ser por amor, nunca se me ocurriría pasar aquí la canícula. Por amor yo creo que la pasaría incluso en Córdoba, pues no debo de ser muy listo. Si fuese más listo, habría aprendido ya a moverme por el interés. Por suerte no soy tan tonto.


26 de julio

Dos de la madrugada. Brisa tímida, poemas de Idea Vilariño y una mosca cojonera. Si tuviera que ser una de estas tres cosas, sería la luna.

*

Se diría que hoy no ha habido tarde, que el día se ha detenido al mediodía. No soy quién para buscar defectos a este cielo tan azul, pero, si de mí dependiese, le pondría dos o tres nubecillas. Así me resultaría más creíble. 

sábado



Opino que es mejor galopar


Puede ocurrir que los caballos, por ejemplo, sean obligados a trabajar más de la cuenta porque no pueden hablar ni, en consecuencia, responder a una pregunta. Son incapaces de negociar. Es imposible conocer la opinión de un caballo, pues la naturaleza les ha impedido manifestarla. [...]
  

6:51 p.m.



Poema triunfador


No hace falta haber vivido lo que cuenta la voz de este poema -La tierra prometida- para simpatizar/empatizar con él, todo un éxito por cómo evoca la sensación de fracaso:

Quise quedarme allí,
encontrar mujer joven,
alguna propiedad junto al río
-luce a menudo el sol
y es aireada la tierra-, pero fracasé.
He pagado sin rechistar y me he rendido frecuentemente.
Había bellos bosques mojados
donde no pude conseguir el amor.
Recuerdo aquellos días sin amargura.




Quien busca encuentra


-Me gustaría conocer tu opinión sobre mi libro de poemas.
-No, lo siento, ya nunca opino sobre esas cosas.
-Pero hay confianza...
-Que no, que son temas muy delicados.
-Por favor, insisto.
-Bueno, la verdad es que no está mal, aunque a mí me cuesta llegar al final de la mayoría de poemas: casi todos ellos me parecen un mejunje. Encuentro momentos de cierta altura, frases que aisladas brillan, pero como edificio unitario no se me sostiene prácticamente ningún texto... No sé cómo decirlo, noto en casi todos como un tambaleo, que no un temblor. Leyéndolos, me imagino conduciendo en una carretera con muchas curvas (son las mejores, sí, pero aquí echo en falta alguna recta, un momento de relax). Las imágenes que contiene son demasiado conceptuales para mi vista, las veo muy borrosas, y el emperifollamiento del estilo, que por momentos tiene su gracia, se me acaba antojando una cosa excesiva. En fin, por resumir, te diré que lo considero un libro confuso, que no ambiguo. Pero no me hagas mucho caso: serán limitaciones o manías mías, que tampoco he escrito La divina comedia.
-Alucino, alucino. ¿Tú de qué vas? Te deseo una cura de humildad.

Es un gesto genial


Para seguir haciendo feliz a la afición, hoy dejamos aquí uno de los poemas reunidos en el Cuaderno de las islas que trajimos ayerUn poema que el propio Robayna comenta en una de sus notas, apuntando, entre otras cosas: "El último verso, que habla de un gesto a la vez desesperado y absurdo, vierte de manera admirable el deseo de las islas, su infinita seducción". (Un verso que en ese apunte cita así: Lanzo mis zapatos por la borda queriendo llegar hasta vosotras. Desde mi punto de vista, mejor versión que la de Millán Alba).


jueves



La faja que desde hace mucho tiempo estaban pidiendo a gritos las librerías españolas



Anécdota


Una mañana, bien temprano, salí de casa con un libro y lo tiré a la basura. Nunca antes había tirado uno, ni tiraría más después, pero fue una decisión muy meditada y pude encaminarme al trabajo con total tranquilidad de conciencia. Lo curioso es que ya por la tarde, de paseo con el perro, me encontré en el suelo veinte euros. ¿Sería el karma? Con los gastos de envío, en el libro me había gastado algo más de dieciocho.

Parece que fue ayer


No se olvida así como así esta CLÍNICA DE BELLEZA que también parece un gimnasio:

Ésas que ves allí sudando a mares
pro retorno imposible
fueron un día
las muchachas en flor.


Yasmin y Pascasio (algunas cartas)


Querido Pascasio:

Perdóname por haber tardado tanto tiempo en escribirte.

En tu penúltima carta me declaraste tu amor, pero a pesar de darte la callada por respuesta no era necesario que te disculparas por ello en la siguiente. No te preocupes, que a pesar de expresarte de manera un poco torpe no me hiciste sentir violenta... Todo lo contrario: me llevé una gran alegría porque me tienes (muero de vergüenza) profundamente enamorada, y hasta entonces pensaba que no era correspondida. No sé. Es como si ya hubiéramos vivido muchas cosas juntos, como si te conociera desde siempre... No pasa una hora del día que no piense un momento en ti. ¿Qué estará haciendo ahora?, me pregunto... ¡Te amo tanto, Pascasio!

Lo dicho, perdóname. Soy una tonta. No supe cómo reaccionar. Me gustaría que nos viéramos, pero me pongo nerviosa por todo y pasaría un mal rato...

Ojalá no estés enfadado conmigo. ¿Crees que te he menospreciado? ¿Me odias mucho? Dime algo, por favor.

Un beso.

Yasmin


***


Querida Yasmin:

Yo también he pensado constantemente en ti, siempre haciéndome preguntas... ¿Me corresponde pero necesita tiempo? ¿Se habrá reído mucho de mí? ¿Será frígida?... No era capaz de llegar a ninguna conclusión, pero a veces sí que he pensado que eres un poco tonta. Mejor dicho: que has sido un poco tonta para esto. ¿Por qué? Porque uno es partidario de comunicar, si es necesario, todo lo comunicable, y lo que me dices ahora me lo podías haber dicho hace meses. ¡Hay que vivir el momento, Yasmin, que cualquier día nos cae una teja en la cabeza! ¿Que no me querías como hombre? Si me lo llegas a reconocer entonces habría sufrido un poco, pero no te habría culpado por ello: no tengo ningún derecho sobre ti ni sobre tus sentimientos.

¿Qué has visto en mí para amarme tanto? Claro que estás perdonada... Tengo muchos defectos, pero soy muy comprensivo. No obstante, creo que lo mejor es que de momento sigamos sin vernos. Considero más justo que mantengamos esta relación epistolar el mismo tiempo que me tuviste en vilo. ¿Te parece bien?

No te odio mucho, no: es justo al revés.

Un abrazo (con un beso).

Pascasio


***

¡Ay, Pascasio, qué ilusión me hace tu carta!

Sí que me parece bien tu propuesta. Acceder a verme ya sería por tu parte como concederle los deseos a una niña, como si fueras mi padre y yo tu hija consentida y caprichosa. Y una quiere tener contigo una relación de hombre y mujer, no de padre e hija (ni de madre e hijo, por descontado). Además, me gusta mucho escribir cartas.

¿Que qué he visto en ti? ¡No sabría decirte a bote pronto! El amor es misterioso y yo que soy en exceso meticulosa necesitaría meses para describir el que tú me inspiras. Y ya has esperado bastante... Eso sí, no me gusta nada tu nombre. ¡Es horroroso! ¿En qué estaban pensando tus padres cuando te bautizaron?

Gracias por ser tan bueno conmigo.

Un beso enorme.

Yasmin


***

Preciosa Yasmin:

Veo que para ciertas cosas eres más madura de lo que yo pensaba.

No te propongo anular lo de demorar nuestro encuentro por no romper el pacto, pero tengo muchas ganas de verte. ¡Estoy deseando yacer contigo y hacerte feliz!

Ah, me llamo Pascasio porque mi madre se llama Pascasia. No es un nombre tan horroroso si lo pronuncias muchas veces. Haz la prueba: quizá hasta te acabe gustando.

Te beso mucho.

Pascasio


***

Mi amor:

Véamonos ya. ¿Qué más da lo que acordamos? ¿No decías en otra carta que hay que vivir el momento? ¡Vivámoslo! ¡Estas hormonas me piden un hijo tuyo!

Te como a besos.

Yasmin


***

Amada mía, bonita:

Un trato es un trato, pero no soy de piedra: si te presentas en mi casa te abriré la puerta y ensayaremos lo de hacer un hijo.

Te mimo.

Pascasio


***

Querida Yasmin:

Hace tres meses te mostrabas muy ilusionada con venir a verme. Desde entonces no sé nada de ti, y vuelvo a hacerme preguntas... ¿Le habrá pasado algo? ¿Era todo mentira? ¿Tendrá ladillas?...

Espera noticias tuyas y te manda besos

Pascasio

***

Ay, Pascasio...

En efecto, estaba muy ilusionada contigo. Tenía fecha prevista para viajar a tu tierra, pero unos días antes de partir me enamoré de un chico del pueblo de al lado que me ayudó a subir a casa las bolsas de la compra. Lo siento muchísimo, fue un flechazo, aquel día me quedé preñadísima y le juré fidelidad eterna. A ti ya no puedo verte sino como un amor platónico. 

Hasta siempre, hermoso.

Yasmin

************

Yasmin y Pascasio ya no se escribieron nunca más. Veinte años después de la última carta, se cruzaron por la calle, se miraron un momento y, sin decirse nada, ambos siguieron su camino sabiendo que no volverían a verse en la vida.


martes

Dedicatorias


Hoy me propuse unir mediante fotos todas las dedicatorias que me han escrito -no son demasiadas y la idea no es fea-, pero al llegar a la de Cereijo me cansé porque soy vago y tengo ampollas por calzado nuevo y todo cansa. Aquí va, en fin, el churro que ha quedado del inútil proyecto. Por cierto, la que está en la página de respeto es de José Ángel García (otras dos se puede saber de quién por los títulos de los libros) y la que parece una receta es de García Martín.