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lunes

VEINTE EPIGRAMAS


Vanidades

Cuando en las tardes ociosas
dejo a mi vanidad urdir, para regocijo
propio y ajeno, audaces epigramas,
cuento
            -cómo no-
                             con la de Benítez:
si en alguno le hace darse por aludido, que se chinche.

*

Dudas

Nada tengo en tu contra, Morate, y me detestas.
No te deseo mal alguno y me detestas.
Ni siquiera nos hemos tratado y me detestas.
Parece un sentimiento irracional, pero albergo mis dudas:
¿no será, simplemente, que eres imbécil?

*

Reconocimiento

Tu ingenio como epigramista, Gutiérrez,
es más sarcástico que el mío.
Y es que a ti no te importa, con tal de que así sea,
arrodillarte ante el demonio
y hacer lo que te pida.

*

Disculpa

Te decepcioné, Bernardo,
por no hacer ascos a la sátira.
Entiéndeme:
cantor ya te ponías tú a todas horas.

*

Observación 

Presume Pardo de tener
una mujer que es una diosa.
Diosa será callada, me imagino:
cuando abre la boca
parece un camionero.

*

Tertulia

Cuando el fiel Villanueva pide opinión sincera
huele un tanto a zorruna la buena educación:
le dicen que su verso suena de maravilla,
mas callan que se olvida todavía mejor.

*

Suplicio

Pozo me retiró la palabra, y yo pensé:
¡por fin podré escuchar cosas interesantes!
Me equivocaba:
ahora me manda al pobre Pinilla
como paloma mensajera.

*

Sabidurías

Murmuran por ahí que la Campillo es tonta e ignorante.
Nada de eso:
tiene buen culo -alto, redondo, respingón- y lo sabe;
abre con él todas las puertas.

*

Acaparadores

Codea Fuentes por salir en las fotos
con las personalidades del momento.
Sufro en silencio por él:
quiere un rol protagonista
y apenas le permiten ser figurante.

*

Democracia

Siempre me has afeado, Martagón,
que no acuda a las urnas a votar.
Descuida:
ahora que te has metido en política
iré, iré, vaya que si iré.

*

Agradecimiento

Rendidas gracias te da, Santos, la humanidad entera;
rendidas gracias por demostrar, con tanto orgullo,
que eres diferente:
¡de no ser por ti, nadie sabría que todos lo somos!

*

Versiones

De verdad te digo, Gómez,
que soy una gran persona;
de decirte lo contrario
ya se encarga Villabona.

*

Invocación

Que no venga Aguilar ahora.
La tarde se ha puesto lírica.
Que no venga Aguilar ahora.

*

Demasié

Envidian la libertad de Puerta
y quieren ser el centro de atención.
¿Creerán que los pájaros tienen alas
para que todo el mundo las mire?

*

Declaración

Me declaro pacifista
en presencia de Calvo:
amo lo difícil.

*

Sobras

A Santana le gusta dar miedo.
Es comprensible:
tiene tanto
que no le cabe en casa.

*

Cuentas

De cada diez epigramas,
tres deben ser buenos y tres
pueden ser malos:
el resto cumplen si hacen bulto.
¿Por qué insistes, Parralo, en ofrecer solamente los buenos?
Es por eso que nunca has mostrado ninguno.

*

Empobrecimiento

Desde que lo sigue Núñez
se reduce el simbolismo
a insultar y lanzar piedras
escondido tras un muro.

*

Moda

Comentas que me falta estilo, Méndez,
por vestir con la ropa que me escogen
mi señora y mi madre.
Mucho mejor lo tuyo:
te gastas un pastón
en parecer un hippie.

*

Sorpresas

Muñoz ha sorprendido a todo el mundo
con un corte de pelo estrafalario.
Pero lo más chocante, lo que nadie se explica,
es que cree estar guapa.

ALGO MÁS


Esta mezcla de verso y prosa es la tercera parte de un nuevo librillo. Se titulará, en principio, como este post: "Algo más". Las otras dos son "En honra de mi padre" y "Con Luna Roja", que también pueden leerse íntegramente en este blog. Todo ello lo muestro aquí porque no sé, de momento, qué voy a hacer. ¿Enviarlo a editoriales? ¿A concursos? Ya veremos. El libro, que he decidido titular, gracias a las dudas, o por su culpa, "Amor y no sé qué", contiene además otros dos poemas en esta sección y, aparte, otro par más todavía, uno como prólogo y otro como epílogo, pero estoy corrigiéndolos severamente (bueno, no tanto, que ya se sabe que el arte es un juguete).


LAS TRES PLUMAS

Con objeto de convertirme en un escritor metódico, me agencié tres plumas diferentes: una para las verdades, otra para las mentiras y una tercera para las verdades poéticas, que son las que yo prefiero, porque suelen ir más allá de la verdad y la mentira, liberándose de ambas, o conduciéndolas, en dichoso vuelo, hacia regiones alejadas de lo consabido. Pero mi plan ha fracasado estrepitosamente, pues vengo quedándome titubeante y trágico durante horas, frente a mis tres plumas, sin saber muy bien cuál corresponde a cada ocasión. Y, harto de dudas, en un arrebato de locura acabo –como el que dispara a bulto, a ver si acierta– escribiendo cada línea con una pluma diferente. Es patético.


PRINCIPIOS DE OTOÑO

Cachorro grande y bueno,
el calor del verano
jugaba sin medir su fuerza:
a todos se entregaba entero
con candor desprendido,
sobre cualquiera brincaba
encantadoramente torpe.
Daba un poco de vergüenza
-a ratos, sólo a ratos-
anhelar el regreso del otoño.


TRINO

I

El canto de los pájaros entra por mi ventana como un muchacho que se confunde de apartamento al intentar colarse en el cuarto de su novia sin que los padres de ella se enteren. No habla mi idioma, pero se hace entender con gestos. Pillo que se queda unos minutos como muestra de amistad.

II

Seguro que ahora mismo, en algún lugar de ese heterogéneo repertorio de posibilidades que llamamos mundo, un pájaro canta en un árbol. ¿Qué pájaro? ¿En qué árbol? Eso es lo de menos. El quid es que ala y raíz, canto y silencio, se juntan y conjuntan un instante. No cuesta mucho imaginarse cinco observadores líricos, detenidos en ese lugar, debatiendo como sigue sobre tan trillado pero inagotable asunto:
"Parece que canta todo el árbol", dice el observador número 1.
"Eso es porque el pájaro es un gran ventrílocuo", le responde el muy ramonista número 2.
El 3 discrepa, gesto serio, abiertamente con los anteriores: "Lo que aquí se revela es que en el fondo no hay árbol. Hay un pájaro en otro. Todo está en vuelo".
El 2, incrédulo de tomo y lomo, sugiere al 3 que tome tierra: "Aquí no se revela nada. Sólo hay un pájaro cantando en un árbol. ¿Para qué darle más vueltas? Puede ser fascinante tal cual".
El 4 aporta, tan premítico él, una visión muy otra que ninguno toma demasiado en cuenta: "El pájaro está pregonando la más profunda, ancestral sensación del árbol, expresable únicamente a través de la música".
El 1 interviene de nuevo comunicativo, sincero y nada sentencioso: "No sé. A mí me da la impresión de que el árbol se está haciendo, de algún modo, responsable del pájaro. Un poco como si fuera, si queréis, su hermano mayor".
El 5, que estaba como en Babia, se manifiesta de pronto convencido y exultante: "¡Lo tengo! Pájaro y árbol desaparecen en el canto, en lo único que existe en este momento".
"¡Acabáramos!", exclama irónicamente el 2.
El pájaro se calla de repente y el silencio que deja, burbujeante de vida, origina un nuevo debate. Pero eso es otra historia.

III

Escuché a dos políticos, uno de izquierdas y otro de derechas. Ninguno me convenció: por debajo de sus discursos asomaba los cuernos el demonio. Después escuché a unos pájaros, todos de arriba. Me convencieron: había en su expresión una cascada transparente. Les di mi apoyo. Nunca me han defraudado. Ten: una margarita.


EL POETA SE VIENE ARRIBA

¡Qué dicha abrir la puerta de mi casa
y ver que se me rinde, cual amante solícita,
con todos sus enseres!

¡Y qué dicha notar, en plena calle,
que jamás he salido, que es la vida mi casa
y que es uno la vida!


POLVO ERES...

¡Cómo me gusta limpiar el polvo una vez a la semana! Sí; pocos regalos me ponen tan contento como éste de hoy: una luminosa mañana de domingo presidida por el silencio (sentado, en posición de loto, en la única nube que se ve desde aquí) y un trapo para eliminar el polvo de una estantería llena de libros. ¿Que en el fondo polvo es la estantería, al igual que polvo son los libros y polvo es quien batalla contra el polvo? Me da lo mismo. Yo soy un apasionado de esta tarea del hogar y considero que el polvo está -¡faltaría más!- en su perfecto derecho de realizarse como estantería, como libros, como persona aseada. ¿Quién es uno para quitarle la ilusión? ¿Resulta eso, acaso, más satisfactorio que echarle una mano? No, no puede la pereza, la muchacha siempre en bragas, contar conmigo para nada en este asunto.


EL MAESTRO DAO FU DISERTA SOBRE EL AMOR Y EL ODIO

Amo a cuatro personas de este pueblo:
a mis hijas, a mi esposa y a mi viejo amigo Tai.
No tengo obligación de amar a todo el pueblo:
en un solo río no pueden nadar todos los peces.

Trabajo mi pequeño huerto, voy al mercado,
brindo en la taberna, escucho a la montaña,
como y ceno en familia, leo buenos libros...
Me falta tiempo para odiar al resto de habitantes.


SUCESO SINGULAR

A veces, cuando pienso, convencido,
tener algo importante que decir,
no hallo las palabras
y enmudezco.
                        Y sin embargo hoy,
hoy que nada especial quiero decir,
no he dejado de hablar ni un solo instante:
del dormitorio a la nevera,
de la nevera a la salita,
de la salita al hall,
las palabras me asedian y me cuentan
de sus cosas, y yo que las pronuncio
tan sólo soy testigo vacilante,
incapaz de cerrar la boca ante su empuje.
Fracasada en su intento de sellarla
con pañuelos y apósitos,
mi amiga se ha escapado al mercadillo
aburrida de mí.
Y allí le contará el caso a su prima
-una emisora provinciana-
y pronto se sabrá en el mundo entero.
Entretanto,
mientras esto persista,
lo mejor será hacerme pequeño como un duende
e ir buscando escondite en algún cuento.


EL ARTE DE QUEDARSE EN NADA

RIMA

¡Hay que ver qué ignorante
cuando quise con red
atrapar el instante
como si fuese un pez!

EL RECOMENDADO

Tengo enchufe en las altas esferas: me han nombrado ayudante de la lluvia. Los hombres me envidian. Las mujeres se pelean por mí. Todos creen que estoy libre de miseria.

SÓTANO

Verdadera tristeza:
tristeza de calcetín roto, tristeza
con un dedo
                     de alegría.

EL ARRENDAJO AVISA

¡Cuidado, que vienen los haijines ibéricos! Bolígrafo asomando del bolsillo de la camisa –de cuello Mao–, recorren los bucólicos senderos dispuestos a anotarlo todo.

QUIMERAS

Soñé
que nos salvábamos del olvido
sin condenarnos al recuerdo.

NOCHE DE OCTUBRE

Reparo en el canto de un grillo. Si hubiera que usar la metáfora, diría que es el latido acompasado de esta noche.

TODOS LOS SANTOS

A veces el tiempo
pasa por los ojos
como un pañuelo.


UN MUCHACHO EXCELENTE

Con todas mis vivencias
podría hacer collares y collares
de perlas para mi señora,
pero ella no es nada presumida
y se me antoja más hermoso,
más valiente, más noble,
levantar un hogar, una cabaña
de piedra acogedora
y apartada de todo,
donde cualquiera pueda
retirarse unos días y encontrarse,
tal vez, con eso que llamamos alma.

No me digáis que no soy generoso.


PARQUE MARÍA ZAMBRANO

Cualquier parque pequeño como este se parece al claro del bosque. La única diferencia es que en estos encantadores lugares de recreo siempre es posible entrar.

Aquí me he detenido cientos de veces. Y cientos de veces sus árboles me han soltado: hay que dormirse arriba en la luz. Y cientos de veces sus mosquitos han añadido: hay que estar despierto abajo en la oscuridad…

Hoy, esta tarde vacía como una pintura china antigua, mientras el perro hace caca en una de las hojas caídas de sus avellanos, le devuelvo un silencio, un billete multicolor que le debía.


POEMA MEDITATIVO

Hace bien al espíritu
contemplar la puesta del sol
en silencio y soledad,
o en sosegada compañía.
Es, a veces,
como si lo condujera a casa
tras haberse perdido, borracho
de tanto trajín, mental y físico.
Y los ojos, que quizá andaban
algo descolocados, de nuevo acogen
en puro entendimiento; no sólo los sedantes
colores del cielo: también
el escarabajo, la mala hierba, la hormiga,
lo que menos gracia aparenta,
lo que eliminamos
del jardín. Porque entonces
                                             -quién lo diría-
es la belleza misma y no nosotros
quien desde ellos mira, quien se ve reflejada,
quien se acepta, sin conflicto, como somos.


AMORES ETERNOS

Ricardo Francisco escribió un poema para seducir a María Fernanda. Fracasó: andaba secretamente enamorada de Carlos Alberto. Sin cambiar ni una coma, probó fortuna entonces con Rosaura Vanesa, que escribía poemas para trascender pero esos días lo hacía simplemente para desahogarse, afectada como estaba por su reciente ruptura con Luis Alejandro, el hermano de María Fernanda que escribía poemas para obtener conocimiento. La pobre necesitaba consuelo y cayó en brazos del malvado Ricardo Francisco. Carlos Alberto, por su parte, a cuatro meses de casarse con Amanda Patricia, llevaba unas cuantas noches escribiendo un poema para explicarse el mundo, propósito del que se reía, por considerarlo inútil, su futura mujer, que sólo escribía poemas para divertirse. Un culebrón eterno, que no parece tener final. Aunque María Fernanda, superado el desamor, leyó en la boda un poema ante todos los invitados y antes de empezar comentó: “Los poemas, en fin, se escriben para leerlos”.


FIN DE SEMANA ROMÁNTICO

(Capricho en tres tiempos)

I

Noche de viernes. Habla el hombre.

Dice la luna que ya somos libres.
Desnúdate.
Necesito que te desnudes:
vengo cansado de buscar
la verdad que en tu cuerpo siempre encuentro.
Desnúdate
y no te vistas hasta el lunes.
Verás qué bien te queda entonces
ese viejo vestido.

II

Tarde de sábado. Habla la mujer.

Dame la mano.
Voy a llevarte al bosque.
Dame la mano, ven, no seas tonto.
Haremos el amor donde nadie nos vea
y sentirás que somos uno con el mundo.
Y todos los sonidos te dirán, mejor que mis palabras,
cuánto te amo.

III

Mañana de domingo. Conversación.

-Es hermoso verte dormir.
Duerme, mi amor, duerme un poco más.
No hagas caso a los pájaros ni al sol.
Espera a que mi alma desayune tu imagen.
-No estoy dormida:
estoy a gusto con los ojos cerrados
mirándote a los ojos aquí dentro,
donde un día lejano y feliz
nos habremos escapado
para siempre.

jueves

CON LUNA ROJA


Qué dulce y tierno despertar
oyéndote, naturaleza,
no sólo en esos pájaros que anuncian
el regreso del circo
a la ciudad:
                  también
en el gracioso, encantador sonido que está haciendo
el pis de Luna Roja
con el agua del váter.

*

Hasta hace bien poco
-no sé si un mes o un siglo: el tiempo me confunde-
en mañanitas claras como esta
prefería escribir a solas y al dictado
de la luz, de la brisa, de la lluvia ligera que ahora cae...,
de todas esas cosas que manifiestan, siempre
con algún matiz nuevo, lo bello del silencio
y de la transparencia.

Entraba Luna Roja y me enervaba.
Calladamente, por no herirla, me enervaba.

¡Qué ceguera la mía!
                                  ¿No veía
que alrededor de ella, cervatilla de cuento,
revolotean todas esas cosas
igual que las palomas en torno de una iglesia?

*

Pese a que siempre hables claro,
a veces no comprendo del todo lo que dices:
por culpa del amor
me parece escuchar, al escucharte,
la hierba blanda, las olas suaves, las nubes rosas.
Aunque acaso sea entonces, no lo sé,
cuando más profundamente te comprendo.

*

En una sobremesa de domingo
él empezó a recitarle un poema.
Ella tenía hipo y le interrumpió.
Él se tumbó empachado.
Ella se acurrucó en su pecho.
Él descartó creerse un galán.
Ella se durmió ipso facto.
Él despertó a la media hora.
Ella seguía dormida.
Él deseó zambullirse en su sueño,
pero se preparó un café.
Ella le comentó al levantarse
lo que había soñado.
Pasó un avión.
Él estaba leyendo.
Ella encendió el televisor.
Las horas pasaban.
Nada extraordinario pasaba.
Pasaba la vida, tranquila
como la sombra de un manzano.

*

Nunca podrás,
picadura mortal de la costumbre,
acabar con la magia
de lo nuestro:
                      todavía hoy,
después de haber llovido tanto,
cada objeto que toco pensando en ella
se convierte en una rosa.

*

Genuinamente
la tarde le sonríe,
llena el cuarto de luz,
le facilita la labor
ahora que cose, luminosa también,
sentada junto a la ventana.

Llama a la puerta el pensamiento,
tantas veces oscuro vendedor
de vaguedades.
                        Abro y digo
no, gracias, buenas tardes.
Y cierro con la grata sensación
de que todo, pese a todo, es como debe ser.

*

Yo quisiera
con lenguaje sensual
elogiar tu cuerpo,
tonta mía,
                 de arriba
abajo,
           de abajo
arriba,
           de arriba
abajo,
           pero
acabo de dejarme la lengua, como ves,
en tu pómulo izquierdo
(tan adorable como el otro)
y ya no puedo, claro, articular palabra:

esto intenta decirte
-con las manos,
con el minero negro,
con los ojos-
el amor que te tengo.

*

Luna Roja:

No sé por dónde empezar esta carta que te escribo
ahora que te has ido a la cocina.
No sé por dónde empezar y sin embargo confío,
confío, confío en la luz que me guía
del mismo modo que en ti
(plenamente).
                       Así,
para escoger los vocablos idóneos,
sobre esta mesa humilde
he decidido abrir, cual diccionario básico,
mi corazón.
                    Sé, gacela
mía, que no me engañará:
la primera vez que te vio
adivinaba en el tuyo los más puros manantiales
y no se equivocaba, no, no se equivocaba…
¿Te acuerdas?
                        Era casi Navidad.
Y desde entonces siempre es Navidad.
¡Alabado sea el Señor!

Hemos sobrevivido juntos a tres gobiernos
como a tres catástrofes ambientales.
¿Cómo enhebrar a estas alturas unas líneas
capaces de sorpresa?

He aprendido sacrificio:
realizo las tareas del hogar
sin queja alguna de mi yo lírico.

He visto la palabra felicidad
acogida en esta casa.
Vino hecha polvo.
Tú le curaste las heridas
y eliminaste restos de purpurina
que quedaban en su rostro.

Eres por gracia divina
como vela encendida, y por gracia
divina no lo sabes.
Sin ti yo anduve sonámbulo en el mundo
como en un dormitorio a oscuras.
¡Menos mal que surgiste!

Mientras te escribo, cae la noche
lentamente
                   como pluma de ave,
lentamente
                   como pluma de ave.

Mientras te escribo, hay por momentos
un silencio
casi total: las pintorescas voces de las piedras
no cesan de entonar melodías ambiguas:
para los que están tristes, solemnes;
para mí que te amo, ligeras.

Me gustaría tenerte aquí a mi lado,
ver y escuchar estas cosas
con cuatro ojos, con cuatro orejas cada uno.
Sólo pasan en los poemas, me dirías tal vez
-y dirías verdad-,
mas los poemas suceden en la vida
y la vida sucede en el misterio.

¡Misterio!

Misterio es tu pelo, misterio es mi bata, misterio
es el resoli.
Misterio es todo, pero a todo nos acostumbramos.
Misterio es todo, pero en otoño llueve.

Mientras te escribo, ha salido la luna.
Como no vengas en un minuto
te daré unos cachetes en las nalgas
o le quitaré a la ventana el cristal
para llevártelo dentro
con alguna que otra estrella.
Ha salido la luna y quiero demostrarte
que la luna no puede ser tú
y en cambio tú
                         sí puedes ser la luna.



Luna Roja en pijama.

EN HONRA DE MI PADRE



No estoy para himnos.
No estoy para himnos
pero tampoco pido una elegía:
los muertos que nos aman no quieren vernos tristes.

Concédeme, musa,
algo que a las dos partes nos contente
o que, al menos, a ninguna nos ofenda.

*

En lo que dura este poema
mi padre olvida que murió.

Soy de nuevo un bebé tranquilo
y en sus manos, pequeñas y robustas,
miro a mi alrededor
con el asombro de las primeras veces.

No sé qué es todo esto. No lo sé
pero me está gustando. Y sonrío a mi padre
en señal de gratitud.

*

Candorosos años ochenta.
En típicas estampas paternofiliales
(no podían faltar, que no se diga, en nuestra historia)
nos íbamos felices y contentos
con la pelota al parque
o con la caña al mar.

Recordando esos tiempos
me encamino, como un equilibrista,
del nudo en la garganta
a la alegría en el corazón.

*

Acogedora y cálida
como sala de estar con chimenea
era su voz.

Qué dolor no escucharla:
se ha convertido en el silencio.

Qué dolor no escucharla
y, en el dolor, qué bálsamo:
el silencio
me da más paz que antes, me suena familiar.

*

Ver el mundo
de color azul grisáceo,
del color de los ojos de mi padre.

Desde dentro, desde el origen,
mezclando realista
cemento y cielo abierto, es él
quien me llena de vida la mirada.

*

Partidos por la mitad cual panes
tendríamos que estar, por lógica,
los que tanto le amamos.

Partidos por la mitad:
mitad esposa, mitad viuda,
mitad hijos, mitad huérfanos.

¿Por qué no estamos así?

¿Habrá persuadido a la muerte,
con su pico de oro,
de que debemos permanecer enteros?

*

En sus últimos años
                                  -tiernos animalillos,
traídos a su mundo por dos nietos-
me demoraba a veces observándole
sin que se diera cuenta. No quería perderme
ningún gesto: como él, como todos los suyos, intuía
quién se iría el primero al otro barrio.
Y temía un adiós.

Fallé en lo del temor: intuyo un hasta siempre.
Aunque nunca volvamos a reunirnos, ¡qué le vamos a hacer!,
al calor del antiguo hogar.

*

Siempre será buen padre.
No: muy buen padre.
No: un padre buenísimo, de película.

Más bondadoso que San Francisco de Sales.
Más sabio que Sócrates.
Más inteligente que Einstein.
Más simpático que Cantinflas.
Más guapo que Paul Newman.
Más padre (en su parcela al menos) que el mismísimo Dios.

En suma, un padre
-dicho sea con todos los respetos-
mejor que el de Jorge Manrique.

*

El muerto al que canto se porta de maravilla:
no prende ni apaga luces ni cambia objetos de sitio
ni hace nada de eso que se dice que hacen
los espíritus.
                   Es además
infinitamente paciente y comprensivo
y me ayuda a resolver cualquiera
de mis dilemas metafísicos.
Ya no gasta, agreguemos, el mal genio que gastaba
cuando estaba menos vivo.
(El amor más allá de la muerte,
experto tallador de diamantes,
ha hecho con él un trabajo muy fino).

El muerto al que canto se porta de maravilla
y va a todas partes conmigo,
igual que si él fuese un ratoncito adorable
y yo el bolsillo donde lo lleva un niño.

*

Me creó en un día de primavera.
Me enseñó a caminar (en el más amplio sentido del verbo).
Me fue leal.

Sé por él
que el cielo existe:
se lo ganó a pulso
en mi recuerdo.