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miércoles

BANDA SONORA


Hay muchas definiciones posibles de verso. Una de ellas sería: "camino que empieza en el lenguaje y acaba en la música o se queda a sus puertas". Creo que no está mal del todo. Sin embargo, uno nunca ha podido escribir con música de fondo. Ni siquiera con música ambiental. La música me excita o me relaja, me emociona, por decirlo abreviadamente, y soy incapaz de escribir poemas emocionado. No, no me sirve como brújula. En cambio, para leer prosa -para el verso combino lectura en voz alta y en silencio-, Mozart a bajo volumen no suele desconcentrarme. Pero eso es otro asunto. El caso es que este blog no puede, por capricho mío, seguir sin banda sonora y por eso traigo doce piezas de música digamos popular que tienen, para mí, un valor sentimental. No ha sido nada fácil escoger. He tenido que ser injusto.


1. Hilo de seda (Los Pekenikes). Un padre de verdad nunca se va. El mío sigue presente en muchas cosas. Por ejemplo, en este tema que sonaba habitualmente en su coche.



2. Local hero (Dire Straits). Uno de los primeros discos que compré es un recopilatorio de este mítico grupo. Tienen piezas más emblemáticas, pero hay que escoger...



3. Layla (Eric Clapton). Todo un clásico. Descubierto en la misma época que el tema anterior. Sí: me temo que las obsesiones musicales de la adolescencia siempre nos acompañan.



4. El último tren (Madera Rock). Los miembros de este grupo (conozco a alguno) eran un poco quinquis, pero, haciendo honor a su nombre, tenían madera. El disco homónimo puede escucharse íntegro en youtube.



5. Communication Breakdown (Led Zepellin). Ideal para despertar por la mañana, o para espabilarse en cualquier momento del día. Un poco de caña, pero de escasa duración, que si no cansa lo suyo.



6. Libre te quiero (Amancio Prada). Si hay gente que conoce versos de Machado por la música que le han puesto algunos cantautores -a un Machado muy menguado-, no digamos de Agustín García Calvo, autor de esta letra ya música en sí misma. 



7. Carpe diem (Andy Timmons). Pues eso: carpe diem. Pero sin más virtuosismos que esto, por favor.



8. Nuevo rumbo (Jorge Ilegal y los Magníficos). ¿Quién es este calvo? Me cae simpático. Y puede con todo. Cualquier día graba un disco de pasodobles.



9. Tengo una casa (Los enemigos). Si mezclas el espíritu rural americano y la guasa española, sale algo tan divertido como esto.



10. Pasear (Julio Bustamante). Como suele ocurrir con las canciones de todos los cantautores, sin la música la letra pierde algo, pero este hombre, no muy conocido, tiene un gusto especial, y aquí da en el clavo sosteniéndola con esa melodía tan pegadiza. 



11. What a wonderful world (Louis Armstrong). Hasta que cumplí los treinta, de esta voz maravillosa sólo había escuchado la canción seleccionada. Vale la pena ahondar más en ella.



12. Lo importante es la rosa (Gilbert Becaud). En este banda sonora no puede faltar una pista "juanramoniana"...



Bonus track. Avilés, Avilés (Los irónicos). Sin comentarios: la tierra tira.


lunes

ALGÚN DÍA


(Frase encontrada  al teclear en google: "mariquita mala")


Tengo un amigo mariquita (pese a no ser homófobo, no me sale natural, ahora mismo, decir "homosexual" ni "gay") con el que a veces me divierte discutir de política. Pues que nunca ha practicado ningún deporte, se toma la dialéctica como una competición que no puede, no sabe perder. Una competición de inteligencia, según tengo entendido. Él apoya a Pedro Sánchez porque es un fiel votante del PSOE, y como el político socialista es apuesto como un madelman jamás se muestra crítico con él. Tampoco con Zapatero, dado que su gobierno presentó el proyecto de ley para aprobar el matrimonio homosexual y lo acabó aprobando, hecho sin duda de justicia social por el que mi amigo mariquita pasa por alto las faltas del Joker de Valladolid: se ha convertido, para él, en un icono, en un santo, en un intocable. En definitiva, que este amigo mío es un hombre de partido. Yo, en cambio, no apoyo a ninguno. Estoy en contra de todos. Muy en contra. Comparo a los actuales líderes de los partidos mayoritarios con comerciales sin experiencia, y no voy a depositar mi preciosa fe en los productos que ofrecen. Y aunque en el fondo mi amigo mariquita y yo pensamos parecido suelo arreglármelas para ponerle un tanto nervioso. Es relativamente fácil. ¡Ni siquiera comprende que la CE, cuando en su artículo 2 habla de nacionalidades, no lo hace para reconocerlas jurídicamente (sólo reconoce el derecho a la autonomía), sino porque es muy lista y deja que cada español, románticamente, se sienta de la nacionalidad que quiera! En fin. Que a este amigo mío le atraigan los hombres no es un defecto ni nada de lo que burlarse, por descontado, pero me sirve para que os hagáis una idea de su perfil caracterológico: es un poco lo que llaman -con desdén o con cariño, según quién y cómo se lo llame- una mariquita mala, un mariquita a su manera duro, acostumbrado además a imponerse a rivales muy blandos. Y pese a mis limitaciones yo le resulto, cuando quiero, algo incómodo, ya que empleo la verdad y no me asusto ni me rindo así como así. Gracias en parte a ello creo que hoy le he ganado dialécticamente. ¿Cantar victoria? No se trata de eso. Pero algún día, si no le he ganado ya, le ganaré. Vaya que si le ganaré. Aunque él siempre gane o empate, algún día le ganaré. 

domingo

ALGUNOS FRAGMENTOS DE UN MANUAL PARA JÓVENES Y NO TAN JÓVENES POETAS ATURDIDOS POR EL MUNDILLO LITERARIO


INTRODUCCIÓN

Los caminos de la poesía y los del mundillo literario se encuentran en un cruce. Tres ejemplos: un premio cuyas bases exigen acudir a una ciudad para recibirlo; una presentación de un libro, obligada por el motivo que sea; una entrevista a la que tienes que responder, por consideración con el periodismo -aunque seas una persona sin respuestas que acaba de levantarse de la siesta, sí-, ya que los de la tele se presentaron sin previo aviso en tal o cual evento en el que eres protagonista y desplegaron ante ti todos sus aparejos, dando por hecho que estás loco por salir en la pequeña pantalla (pues a los artistas, por lo general, les encanta promocionarse). Pero ya está, ya está: cumplidos esos trámites como un buen ciudadano, el poeta puede seguir su camino. Sin embargo, si es demasiado vanidoso (esto es, infantil) se quedará sentado en ese cruce a urdir recitales, entrevistas y demás. Y esto es muy lícito, por supuesto, pero si nunca se levanta, si no sigue avanzando, nos hallaremos ante un nuevo caso de poeta aturdido por el mundillo literario.

Estas notas que aquí reúno fueron surgiendo de mi experiencia y mi observación, que también es experiencia, en esos caminos (en los de la poesía). Con voluntad santa las comparto. Si a alguno de los aturdidos (que son legión) le ofende alguna que otra, no diré que me alegro, pues diría media verdad, pero será la confirmación exterior de que mi juicio no anda del todo errado. Si a otro le sirven para evitarse rodeos innecesarios, o para darse cuenta de que la gloria literaria es de silicona pero ser poeta es una aventura que compensa, me alegro mucho. Y si a otro le ayudan a atreverse a desarrollar su criterio personal, como uno mismo ha hecho, sin necesidad de apoyarse en autoridades poéticas (que no existen), me alegro más todavía.

Sólo añadir, por último, un par de cosas: 1/ Este librito no se ofrece como una obra cerrada, sino dispuesta al crecimiento. Y es que no hay manera de dar por finiquitadas ni la sección que guarda relación directa con el arte del poema ni la que versa sobre otros asuntos del vivir -o sea, ni la I ni la ll- porque uno no deja nunca de aprender. 2/ El lector es libre, faltaría más, de tachar del título, si no le gusta, lo de "aturdidos por el mundillo literario". Yo mismo lo intenté, pero fui incapaz de evitar la broma.

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SOBRE LA HUMILDAD

No hay que confundir la falsa y, pese a ello, afortunada modestia horaciana, con la auténtica humildad. Aquélla puede ser utilísima, tanto para la literatura como para la convivencia, pero la auténtica no es sino el íntimo reconocimiento de lo real: nuestras genialidades poéticas (las tenemos, aunque conviene dudar de ellas constantemente) brotan siempre de nuestros peculiares dones, pero ni siquiera éstos son nuestros... Pertenecen a la vida, que nos los presta un rato.

Quien con esta actitud y unos veinte amoríos, un gran amor, mil y pico lecturas y una dieta mediterránea, rica en fibra, en diez años no escriba ni un solo poema de altura, quizá deba abrirse a nuevos horizontes -no se acaba el mundo- lejos del papel en blanco.

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A la hora de leer poesía, para disfrutar y sacar buen provecho debe el poeta esforzarse en trocar por admiración lo que es capaz de despertar su envidia y debe, sobre todo, leer humildemente; esto es, preguntándose, ante los poemas que se le antojan fallidos o mal resueltos, si él mismo, más de una vez, no lo habrá hecho todavía peor.

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Cuando el poema necesita al poeta, deja que éste se crea, si quiere, alguien importante. Ya tendrá ocasiones bastantes de recordarle su mejor lección cuando suceda al revés.

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SOBRE LA PUREZA

No hay poesía pura, sino que la poesía misma es lo puro. ¿Qué es lo puro? Lo esencial. ¿Qué es lo esencial? El corazón de las cosas. Pero en esto, como en todo, no hay que ser extremistas, pues que al corazón de las cosas también le place, a veces, soñar entre la paja.

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SOBRE LA ORIGINALIDAD

Imaginemos que en dos puntos diferentes del planeta tierra los árboles, el mar, las estrellas, el amor…, el universo entero, en fin, le pide a dos jóvenes que sean poetas. Ambos muchachos empiezan así a leer y escribir poesía, sin pensar en ningún otro lector que no sea ellos mismos, pero de pronto un día, sin apenas darse cuenta, se ven inmersos en el mundo literario. Sienten entonces otra llamada, con otras tentaciones: casa compartida con más poetas (cosas de la crítica) y todos esos cuentos tan divertidos. El que se mantiene fiel a la llamada originaria es el verdadero, que continúa el viaje solo y a su manera. El otro se convierte en un sucedáneo, pues que se apea ahí, donde se va pudriendo lo poco o mucho de verdad que en él había.

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Cuidar la voz poética propia: dejarla libre: no forzarla a que se parezca a la del entorno, pero tampoco a que se diferencie. Ambas operaciones son groseras intromisiones del ego y hay que dejarla libre, simplemente dejarla libre. Porque es un ave, y es hermosa, y con esperanza construyó su nido en el árbol interior del poeta. Dejarla libre. Ese es el único secreto de la tan discutida originalidad.

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SOBRE LA INGENUIDAD Y EL SENTIMIENTO

No parece difícil de entender que Schiller, en su libro Poesía ingenua y poesía sentimental, viene a decir, entre otras cosas de bastante interés, que el poeta al que llama ingenuo (aquel que se siente uno con la naturaleza) es más feliz que el poeta al que denomina sentimental (aquel que intenta reconstruir esa unidad, que considera rota) y que, mientras la gracia del primero está en que se limita a ponerse cantor, pues ya se ve morando en el ideal, la del segundo reside en la ilimitada tensión entre dos mundos: el que cree perdido y el que cree habitar. Esta clasificación es totalmente actual. Pero con la mala prensa que tienen hoy día entre el gremio los términos ingenuo y sentimental a ver quién se atreve a decirle a nadie que es un poeta ingenuo, o uno sentimental, o uno que es ora ingenuo, ora sentimental, que también puede ser. Conviene usar -si se resuelve intervenir, que mejor callarse- poeta de la no dualidad en lugar de ingenuo, poeta de la erosión en lugar de sentimental, y poeta del cielo y de la tierra en el tercer caso.

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SOBRE LA CLARIDAD Y LA OSCURIDAD

No es claro el poema porque se entienda a la primera, ni es oscuro porque se entienda más tarde o no se entienda nunca. El poema es claro por su precisión, y sin precisión no es poema, o no es sino un poema que no pudo sacarse a la luz, que fue apresado por sus propias sombras.

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No falla: poeta crédulo y con empanada mental que lee aquel comentario de Montale -"un poeta comprensible tiene pocas posibilidades de sobrevivir"-, poeta que acaba poniendo el poema a su servicio, y no al revés (que es su trabajo). 

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Lo absurdo de escribir poesía renunciando al significado por envidia de otras artes. ¿Renuncian los músicos al sonido o los pintores al color? Trabajando con palabras, el significado es inevitable. No hay que rehuirlo ni buscarlo: basta con aceptarlo.


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SOBRE LA BELLEZA Y EL LENGUAJE POÉTICO

Las palabras bellas no pueden, por sí solas, elevar el lenguaje a la categoría de poético. Si uno introduce en un poema adjetivos de tan hermosa sonoridad como trémulo y, sin embargo, la belleza del texto radica únicamente en su lenguaje, la lectura no estará exenta, quizá, de gustoso paladeo, pero también será triste como detenerse ante uno de esos edificios inacabados, vacíos, fantasmales que todos hemos visto alguna vez. En cambio, si uno escribe, por ejemplo, "con todas mis vivencias / podría hacer collares y collares / de perlas para mi señora", el lenguaje estará diciendo -aparte de lo que dice, tan precioso, sobre el valor de cada experiencia- que también es capaz de ser poético siendo el mismo de todos los días.

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La belleza no es muy amiga de salir: prefiere quedarse en casa del ojo que la mira. Pero el lenguaje poético, cuando la visita, suele convencerla para ir a dar una vuelta.

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Si a un poeta inocente le gusta el crepúsculo, por ejemplo, hasta el punto de identificarlo con la Belleza (así en mayúscula romántica) y serenamente y sin pretensiones intelectuales se sienta a contemplarlo, el crepúsculo, si está de humor, tal vez acabe guiando su espíritu hacia la Belleza, que es cosa etérea y muy sutil. Y si entonces una parte de ese misterio, por pequeña que sea, adopta, inesperadamente, forma bien definida en unos versos, el poeta se quedará un rato interrogante (pero sin hacer preguntas) y, sin caber en sí de gozo, se irá a cenar pensando que el lenguaje no está tan mal, que no siempre es tan limitado, que a veces hasta lleva al arrebato místico.

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SOBRE EL HUMOR

En una ocasión en la que asistí a una lectura poética, observé que el autor que leía, señor de cierta edad y muy simpático y divertido, por momentos daba signos de agotamiento. Porque la gente, que parecía tonta, se reía con cualquier cosa como diciéndole: ¡Sigue! ¡Sigue!

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Humor de sonrisa puede ser un buen título para un libro de poemas con un leve toque cómico. Pero en él no tendrían cabida ni la burla, salvo que fuera inocente como la brisa, ni el sarcasmo, que es lo mismo que arrodillarse ante el demonio. Y una ironía sana (no la del señorito que necesita distanciarse) debería planear sobre el conjunto con la elegancia de una garza real. (Con este tipo de exigencias han de proceder, permitiéndose alguna licencia, los poetas con sentido del humor. Los demás no hace falta que se corten).

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SOBRE LA POESÍA POLÍTICA

El poema político, al igual que cualquier otro, es válido siempre y cuando vaya de buena gana a la página. Siendo así, incluso podemos considerarlo puro. En cambio, si el poeta lo fuerza a ir, al pobre poema le sucederá un poco como al que debe, por compromiso, asistir a una comida con gente que no soporta y tiene que poner allí buena cara, hacer alguna broma, saber estar, en definitiva, aunque en el fondo quiera largarse. Es decir, se verá sacado de su espacio natural -el de la autenticidad- para ser llevado a un lugar donde no puede manifestarse como es, y mucho menos revelarnos nada. Pero de esto sólo se dará cuenta el propio poeta, si ha meditado seriamente y durante años en la creación, y un puñado de lectores que tanto de lo mismo: lo más normal es que si está bien acabado técnicamente y lo firma un nombre reconocido sea celebrado por algún que otro patio y, con suerte (o, bien mirado, con muy mala pata), acabe convirtiéndose en popular, ya que dice, hecho un títere, lo que muchos quieren oír.

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El poema, al contrario que la política, no necesita buscar el bien común, pues en sí mismo lo es. Pero es un bien común que se gesta en soledad, donde no hace falta ser hábiles socialmente, ni diplomáticos, ni mentirosos... Es decir, donde no hace falta ser político. Por eso en cuanto sale del cajón es una criatura social y libre, sin embargo, de las imposiciones sociales. Por eso a veces deja en evidencia la falsedad de la sociedad, sin tener que señalarla explícitamente. Y por eso en parte muchos seres humanos necesitan leer poesía, porque en ella encuentran algo suyo que la mayoría rechaza por desconocimiento. Pero apaga y vámonos si el poeta es, ay, uno de esos manzanillos convencidos de que todo poema es un acto político.

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Cada tipo de poesía coloca distintas trampas al poeta. Si éste las evita, o si al menos cae en ellas con elegancia y dignidad, el poema estará logrado. No es fácil. Hay trampas por todas partes. Así, la poesía conversacional puede dejarlo con el culo al aire, señalándolo como un simple que no sabe decir más que vaguedades, mientras que la poesía más hermética lo tentará a esconderse con sus tonterías (nadie está exento de ellas) tras las palabras, o a querer aparentar profundidad, o a intentar, de manera extremadamente artificiosa, un poema con infinitas lecturas. Son dos ejemplos. Hay más. Muchos más. La poesía bucólica es capaz de hacerle creer que es un poeta de la dinastía Tang, aunque sea vecino de Albacete o de Segovia, o llevarlo a un afán de trascendencia que querrá sonar algo forzado y la poesía amorosa, por su parte, tratará de retratarlo como un cursi, o lo que es casi peor: como un poeta con temor a parecer un cursi. Sí, para escribir buenos poemas hay que ver donde se pisa. Y la poesía política no va a ser menos. Al contrario. Está más llena de trampas todavía, porque poesía y política son mundos totalmente opuestos: en una hay síntesis, lenguaje en tensión, y en la otra, en la mayor parte de los casos, palabrería. Si no se tiene mucha personalidad y mucha imaginación, es prácticamente imposible dignificar el género. Veamos, en fin, alguna trampa, que no hace falta comentarlas todas, sino desarrollar la intuición. Una, la más frecuente, es la de caer en lo consabido (los políticos mienten, hay gente que pasa hambre, qué peste las dictaduras, etcétera) creyendo así, en parte por el asentimiento de las cabezas poco trabajadas -abundantes, abundantes-, que el poema es justo por su asunto, pese a que en realidad carezca de la menor consistencia. Otra: convencerse a uno mismo de que haciendo lo anterior no sólo se está en el buen camino, sino en el único lícito, aunque se tenga un pie en un cepo, y acusar de vivir en la torre de marfil a los poetas que han saltado esa trampa. Otra: hacer negocio de la disidencia; considerarse un poeta político y estar por ello al quite -no es lo mismo que estar atento- de la actualidad, que siempre ofrece una jugosa injusticia con la que renovar la demostración de lo solidario y libertario que es uno. Y la más terrible de todas: cambiar el poema por el dogma, identificarse como la voz poética de un partido político, convertirse en su imagen "intelectual". 

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SOBRE LA UTILIDAD DE LA POESÍA

Un poeta debería, si ve que no crece, sospechar de sí mismo: quizá esté haciendo algo mal. Porque el trato continuado con la poesía sirve para crecer a tres niveles -emocional, espiritual y cultural- y ello conlleva, normalmente, un crecimiento como autor.

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SOBRE  LA VIDA Y LA CULTURA

Paradójicamente, tiene más mérito no torcerse como poeta si se es un filólogo políglota y experto en arte que lo ha leído todo que si se es alguien con un nivel académico, pongamos por caso, equivalente a una diplomatura. No obstante, el quid parece estar en la preservación de la sencillez y la humildad, que, como dijo el otro, es infinita. Porque la cultura, en manos del que no es sencillo ni humilde, se convierte en pedantería como por hechizo de magia negra, y esto hará que en el poema aparente mediar un abismo (que en verdad no existe) entre ella y la vida.

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Al abrir la ventana de una habitación pueden entrar alguna voz humana, el ruido de los coches, el gorjeo de una paloma... Pero también la música de Albinoni, por ejemplo, que esté escuchando un vecino. Si el poema fuera esa habitación, todas esas cosas deberían entrar, llenándolo igualmente de vida, con idéntica naturalidad.

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SOBRE LA SENSACIÓN Y EL PENSAMIENTO

La sensación y el pensamiento son como la mayoría de los matrimonios: es ella casi siempre la que manda. Así puede considerarlos el poeta, viéndose a sí mismo como un amigo que tienen en común.

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Algún poema admite ciertas ficciones, pero ninguno las tolera en lo tocante a la sensación (emoción poética) sin que la pieza se quede coja. Y en este punto hay que aclarar algo importante: falsear la sensación no es que el poeta, destemplado, se ponga la rebequita y sin embargo escriba "¡Qué calor!". No, no se trata de esa simpleza. La sensación es la corriente eléctrica que hay entre el poema y la mano que lo escribe. Y esa corriente se corta -se falsea- cuando el poeta procede con pretensiones tan innobles como la de deslumbrar al personal, lo que trae como consecuencia, lógicamente, falta de veracidad.

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SOBRE LA INSPIRACIÓN

Hay días en que el vate anda que se poema encima, y a la vez con algo indeterminado que tapona al poema. Es entonces uno de los momentos en que debe armarse de fe y llamar a la musa, que de veras existe, y que puede ser muy generosa si se la trata como merece. Lo primero que tiene que hacer ese hombre (o mujer, tanto da) es ponerse pedigüeño, arrodillarse, pero literalmente arrodillarse tragándose su orgullo, y comunicarle que la necesita como el actor al buen guión; eso sí, esta plegaria es necesario que nazca de lo más hondo, porque ella, que es de verdad divina, le escruta por dentro y sabe latín. Pasado ese trance en apariencia ridículo, pero esencial, le toca entregarse, con más pasión que nunca, a las aficiones machadianas: leer y pasear. ¿Qué leer? Esos días embrionarios, sólo poesía. ¿De qué estilo? Suele dar buenos resultados leer de todo un poco y al tuntún, como un novato desprejuiciado, aunque hay excepciones, estados poéticos curiosos que necesitan vías especiales; por ejemplo, si se siente todo ojo y algo duro de oído, encontrará provechoso leer a colegas un tanto vacuos, pero maestros en la música del verso y muy ricos de lenguaje; en este caso, combinando lectura en voz alta y en silencio, y casi sin pensar en lo que lee, es seguro que más pronto que tarde se le destaponará el poema, pues que el cerebro se le llenará de ritmos y palabras que ayudarán a la visión a hallar su forma libre y graciosamente. En cuanto a los paseos, a priori no importa demasiado si se dan por unos caminos o por otros, aunque la mezcla de aceras y senderos, por norma general, es una elección acertada; pero lo fundamental es que sean paseos largos, para relajar los músculos, y sobre todo solitarios, para conectar con el silencio del poema; esto es importante hasta tal punto que en ocasiones será preciso que se esconda, tras árboles o columnas, o en cualquier otro escondrijo que el paisaje le ofrezca, de los conocidos con los que en días ordinarios se detiene a charlar. Pero el tipo, en fin, ha de tomárselo con filosofía, que normalmente hace falta estar así casi una semana, y acaso el poema salga meses o años después, pese a destaponarse antes, porque nadie en el mundo está autorizado para marcar los tiempos de la musa, que nunca se equivoca y siempre aparece, si ha de aparecer, en el momento justo y necesario.

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Con oficio y sin inspiración, poema correcto, pero soso; con inspiración y sin oficio, poema con encanto, aunque fallido; con inspiración y con oficio, poema espléndido, o por lo menos justo.

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SOBRE EL RITMO

Sobre el ritmo hay que aprender cuanto sea posible (maestros como García Calvo son altamente recomendables), pero a la hora de escribir lo mejor es olvidar lo aprendido y escuchar sin ideas preconcebidas de cómo debe sonar (ni de lo que debe decir, por descontado) al poema que está a punto de nacer. Sin ideas preconcebidas o sólo con ideas vagas, susceptibles de cambiarse sobre la marcha para no pervertir su naturaleza.

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Salvo en contadas ocasiones o que quiera jugar un rato, un poeta moderno no ha de buscar la rima, pero si casualmente se la encuentra por el camino no debe desdeñarla por norma, sino valorar tranquilamente, desde distintos puntos de vista, si merece su sitio o no; no siempre afea ni abarata la cosa, y a veces es una señal que hace el lenguaje para indicar el camino real del ritmo que pide el poema.

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Se huele en buena parte de la poesía española el miedo a salirse de la silva. Es una pena. Hay muchos talentos desaprovechados por ese temor tan ridículo. Un poeta de nuestro tiempo tiene que ser valiente, como mínimo en ese aspecto. Además, cada poema es un mundo, y en cada mundo hay reglas diferentes. Y escribir solamente endecasílabos y heptasílabos, acentuando siempre la sexta sílaba, no necesariamente es tener técnica: a menudo no es más que costumbre o vicio.

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SOBRE LAS PAREJAS


¡Qué poco paisanos, como se dice en Asturias, esos poetas cincuentones que andan a la caza de veinteañeras aficionadas a la literatura!

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No es lo mismo echarse una novia que al principio no sabe que eres poeta que echarse una que conoces por los andurriales del mundillo literario. La primera se enamora de la persona (no cabe duda, sobre todo si eres pobre como un ratón), mientras que la segunda se enamora, si es que de verdad se enamora, en parte porque admira tu poesía, o porque tiene alguna ambición literaria y le interesa estar a tu lado. Aunque hay excepciones, la mujer ideal es la primera, especialmente si no le llama mucho la poesía y te manda callar alguna vez cuando le lees algún poema nuevo. Lo contrario, convivir con una fan, puede ser una buena manera de idiotizarse.

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SOBRE LOS PREMIOS

Si escribes poemas para presentarte a premios, asúmelo, amigo: eres un poeta aturdido por el mundillo literario.

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No son los premios, sino un puñado de poemas notables los que justifican a un poeta. Pero si éste decide, en algún momento de su vida, participar en ellos, las bases del concurso elegido deberían respetar las suyas propias, que podrían ser las siguientes:

1/ Sé íntegro: no aceptes jamás un premio amañado, por mucho dinero que te ofrezcan. Mantendrás a cambio limpios el corazón y el nombre y dormirás en paz. Serás medio tonto a ojos del común de los mortales, sí, pero es que así son los que son poetas de los pies a la cabeza. Los otros son tontos del todo.
2/ Puesto que ciertos hechos dejan mal olor y tú, como las rosas, no has venido al mundo a atufar a nadie, no te presentarás a un concurso si: A) Es convocado en tu provincia de nacimiento o de residencia. B) Conoces a un miembro del jurado. C) Ya publicaste en la editorial que se encarga de la edición del libro ganador.
3/ Si has de decidirte entre el Premio Nenuco o el Kenneth Rexroth, de cabeza al segundo: el nombre del premio tiene que ser el de un gran poeta, o al menos el de uno importante (no siempre grandeza e importancia coinciden), porque si no lo considerarás risible y te desmotivará. Aunque también es aceptable el nombre de un pueblo o una ciudad, siempre y cuando ese lugar te resulte evocador y romántico o, al menos, no te parezca especialmente feo o ideal para morirse de asco.
4) Caso de haber ganado cinco premios, quítate la idea de seguir concursando. Más de cinco es avaricia y mal gusto. Se te llenaría la casa de medallas. ¿A santo de qué ese afán de chatarrero?

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Cuando se despertó, el dinosaurio recibió una llamada telefónica. Era de nuevo el ganador de un premio institucional.

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SOBRE LAS REDES SOCIALES

Da lo mismo que un poeta esté o no en las redes sociales: contra lo que afirman algunos metafísicos hodiernos, su existencia es anterior a su presencia en ellas. Lo importante es que no deje, si está, que le idioticen, pues poder para ello tienen de sobra. Y es que con las redes sociales sucede un poco como con las drogas: hasta el más inteligente puede acabar adicto y haciendo cosas que no haría estando en sus cabales; negando además su adicción y relacionándose casi exclusivamente con otros adictos. Así, no es difícil que un buen poeta se encuentre, de la noche a la manaña, opinando frenético en tuiter de esto y de lo otro, sin pensar mucho en lo que dice, simplemente sumándose a alguna corriente de opinión, o haciendo alarde de lo ingenioso o lo profundo que es. Y tú que vas conduciendo y de repente lo ves cruzando el semáforo en rojo, porque vaya colocón que lleva, dale que dale con el dedito al teléfono, casi te arrepientes de haber pegado un frenazo. Por tales peligros, al que le guste consumir redes sociales le convendría administrar las dosis; por ejemplo: un tuit al día, una foto a la semana en instagram y una cuenta de facebook prácticamente desatendida y sólo para solicitar amistades (sí, como cuando en el patio del colegio o en la calle preguntábamos “¿se puede?” para unirnos al juego, aunque mucho menos genuino).

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SOBRE LOS TALLERES

"¿Alguien en la sala sabe si Jiménez, Yeats o Brodsky asistieron a algún taller de poesía? No me consta pero, si así fue, ¿quién impartía el de cada uno? ¿Un poeta con oficio y trayectoria o una persona cualquiera con un máster en escritura creativa? Perdonen. Les desoriento adrede. Ustedes buscan un guía porque no quieren perderse ni andar solos, pero es eso precisamente lo que necesitan para ser poetas. Pueden empezar leyendo a esos tres, y el próximo día los comentamos. Ahora bien, si lo que desean es que uno les enseñe trucos o procedimientos técnicos para expresarse en verso, y de paso socializar con personas que comparten su misma afición, contesten SÍ, QUEREMOS MÉTODO DE ATURDIDOS en la hoja que les acabo de entregar. Si hay mayoría, enfocaremos de ese modo estos encuentros".

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Amanece otra vez. O sea, empieza de nuevo un taller de poesía.

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No es estar en contra de los talleres literarios decir que son un invento de los escritores que quieren, y no pueden, vivir de la escritura, o que quieren al menos ganar un dinero extra. No es estar en contra: es no faltar a la verdad.

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SOBRE LA PRESIÓN SOCIAL

Una joven poeta presuponía que el lector esperaba de ella que en su poema dijese algo definitivo acerca de los grandes temas (el amor, la muerte, las tazas de café, etcétera). Pero después de mucho maquinar se autoconvenció, para soportar esa presión que ella sola se había impuesto, de que ya todo estaba dicho. Entretanto, el lector se encontraba regando las plantas de su salón, sin acordarse en absoluto de ella, que por fortuna acabó aprendiendo, chica lista, que a nadie le importaba su poema y que éste no quería que tuviera algo que decir (eso era lo de menos) sino que dejara que el decir la poseyera a través del ritmo. No resultó nada fácil: hasta el momento en que se le hizo dentro el vacío necesario, se creyó minimalista, irracionalista, deconstructivista y alguna cosa más, porque había que creerse algo, pensaba, había que creerse algo, como todo el mundo, para descreer de lo demás.

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Respuestas adecuadas a preguntas frecuentes:
-Tú eres poeta, ¿no?
-Bueno...Un poco.
-¿Para cuándo la novela?
-Estoy en ello. Ya verás, ya. Harán la película y todo. Voy a ser un escritor de los de verdad.

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SOBRE LOS TRABAJOS

¿Poeta a secas? Lo ideal si se es persona equilibrada. ¿Poeta y jardinero? Muy hermoso. ¿Poeta y periodista? Riesgos inconvenientes. ¿Poeta y profesor universitario? Excesivamente cerca del aparato cultural. ¿Poeta y político? Demasié.

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El vending está muy bien. Te permite dedicarle el día a la musa.

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Por orden del señor alcalde / se hace saber / que otro poeta / del montonazo / ha decidido / para medrar / hacerse amabilísimo / crítico literario.

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SOBRE LA AMISTAD ENTRE POETAS

La amistad entre dos poetas es más difícil que la amistad entre un poeta y, por ejemplo, un camarero. Normalmente, para que no se rompa, no pueden relajarse, tienen que medir mucho las consecuencias de sus palabras. Es infrecuente que se abran del todo el uno al otro y hablen por los codos sin que surjan celos o picajosidades. Es incluso milagroso. 

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De cada cien poetas, unos ochenta son complicados de tratar: egocéntricos, susceptibles, desconfiados... No es casualidad que los otros veinte suelan ser más talentosos.

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Verdadero amigo es aquel con el que vas a comer -tú con el ojo morado, él con la nariz rota- el día después de pelearos. Si no cuentas con uno de esos en la vida, no pierdas el tiempo buscándolo entre los poetas -la mayoría se ofenden por nimiedades- y estrecha lazos con los árboles, con el mar y con los pájaros. Son buena gente, y siempre están ahí.

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SOBRE EL NINGUNEO

Anda tristón Pinilla porque nadie ha escrito una reseña de su nuevo libro de poemas. Qué desgracia la suya. Él sí que sabe de qué va la vida.

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Hay poetas que se quejan de ninguneo por ser excluidos de las antologías generacionales. ¿No les faltan razones? En vista de los criterios e intereses que suele haber tras esos florilegios, si han escrito poemas realmente buenos -cosa que sabrán si han leído mucha poesía- deberían incluso alegrarse. Por su parte, muchos de los incluidos, harto absurdos en su vanidad, se creen de inmediato con una suerte de pase para la gloria, aunque ninguno de sus poemas tenga la menor consistencia. ¿Por qué? ¿Son los antólogos el Espíritu Santo?

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Cuando alguien te envidia de tal modo que hace como si no existieras, te está elogiando con una sinceridad que no siempre está presente, como es sabido, en los elogios convencionales.

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SOBRE EL TAMAÑO DEL POETA

Es muy fácil parecer un poeta mayor. Observando a unos cuantos que lo parecen te das cuenta de que sólo se trata de meterse en el papel sin descuidar detalle: el vestuario, sencillo, discreto, elegante y con un toque, si se quiere, ligeramente bohemio; la manera de entrar en los sitios, como con aura, creyéndote que no eres cualquiera, pues que así casi todos se lo creerán también; y muy importante, importantísimo, dejar que sean los otros los que se acerquen -tomar la iniciativa es cosa de poetas jóvenes y/o menores- y ser en el trato cercano y distante a la vez, pero siempre correcto y cordial. Resumiendo, trabajar duro el personaje y no preocuparse demasiado de los poemas: bastará que sean medianías para que muchos los consideren brillantes.

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Poeta mayor de lunes a miércoles, menor de jueves a sábado, y los domingos según. Ser siempre lo mismo es muy aburrido -dice- y poco serio.

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SOBRE LOS RECITALES

Aunque lo más natural parece ser sentir cierta indiferencia por los recitales, a algunos poetas les encantan y a otros no les gustan nada. Entre los primeros, los hay bastante alucinados que, gustándose en exceso a sí mismos, montan un pequeño show que desvía la atención del poema, y entre los segundos los hay demasiado inseguros o tímidos que lo sueltan sin hacer las pausas necesarias, como queriendo acabar cuanto antes, y para el cuello de la camisa, como intimidados por la audiencia (que suele ser gente comprensiva, que no se come a nadie). Cualquier cosa intermedia entre estos dos extremos es aceptable. Eso sí, lo ideal es hablar alto (pero sin gritar) y claro y un poco más lento, si acaso, de lo normal, ya que no es nada fácil para los presentes procesar un poema que no están viendo escrito. En cuanto a las manos, tanto si sujetan el libro o el papel como si se recita de memoria, funciona muy bien ignorarlas, dejarlas a su aire. Que hagan lo que quieran, o que no hagan nada. De esta manera, al contrario que si se ensayan ridículos gestos, no mentirán, y no se resultará por tanto poco creíble. Y respecto a los ojos tanto de lo mismo: desoyendo los dictados de la oratoria, que miren adonde quieran; basta con que no se queden fijos en el suelo o en el techo. Pero lo más importante, en fin, es que el poema tenga valor y que la voz no lo adorne ni lo desluzca, que sea respetuosa con él, pues es la única manera de ser respetuoso con quienes han ido a escuchar.


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SOBRE SER BUENA O MALA PERSONA

Cuando X escribía poemas mediocres, Y me hablaba maravillas de él como persona. 
Cuando X empezó a escribir poemas notables, Y me contó que como persona le había decepcionado.
Cuando los poemas de X llegaron a ser maravillosos, Y me dijo que no quería saber nada de él, que era una persona impresentable, de las peores que había conocido.

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Con buenas intenciones, ya se sabe, se puede escribir muy mala poesía. Pero no es menos cierto que vale poco, siquiera como poeta, el que necesita mala idea para escribir buena poesía.

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Si la gente fuera tan mala como a veces parece, la más alta poesía de todos los tiempos sería la sarcástica. Sin embargo, ésta no es más que una anécdota, un subgénero no siempre rechazable ante el que el buen poeta debe, por norma general, dar media vuelta, detener la mano, si no quiere rebajar su poesía, que no lo merece, a un ajuste de cuentas entre egos. ¿Cómo saber, caso de que la antipatía hacia alguien sea muy grande, si responder o no a ese impulso de escritura? Cada cual ha de encontrar su método, pero no está de más conocer uno, infalible, que consta de tres fases: 1/ Humanización del "títere" que se desea dejar sin cabeza: comprender que también es una persona con familia, o con amigos, o con perro, y que esos seres sufrirían por él. 2/ Salir a dar un paseo y abrir la mente: considerar que es ingrato, ante tanta belleza y misterio, escribir un poema de ese tipo. 3/ Esperar al tercer día. Si entonces persiste el impulso -sería muy raro- no cabe duda: hay que responder con todas las de la ley.

sábado

EL ÁNGEL BUENO




Hay que llamar al ángel bueno al que llamaba Alberti. Yo lo llamé y vino. Es este que viaja conmigo en el tren. ¿Cómo voy a dejarlo en casa, si me ha hecho el alma navegable? 


viernes

BREVE PASEO FOTOGRÁFICO POR AVILÉS
















Capilla de Jesusín de Galiana. Es tan bonita de cerca que el autor de la fotografía, justo en el momento de disparar, quisiera ser un espontáneo que agarrara la mano de la mujer cuya nariz (no es una zanahoria, no) puede apreciarse a la derecha. Un espontáneo que agarrara su mano y que entrara con ella, enamorándola al instante, directamente a casarse.















Estanque del Parque de Ferrera. Donde el autor de la fotografía, justo en el momento de disparar, quisiera ser pato. Al igual que el árbol aquí captado, que no es que quiera besar el agua como acaso parezca a simple vista. 















Arcos de la Calle de Galiana, mientras suena (nota para sordos) la Guantanamera. Donde el autor de la fotografía, justo en el momento de disparar, en un arranque de locura, quisiera ser quien es.

sábado

TEXTOS HÍBRIDOS


HOY me detuve un momento con el hombre que nunca sale a la calle sin paraguas. Hace muchos años que nos cruzamos, y jamás lo he visto sin su paraguas. Le pregunté el porqué de tan curiosa costumbre y me respondió que cada vez que sale de casa empieza a llover. “Pero ahora mismo no está lloviendo”, le dije. “Eso es lo que parece”, replicó.


CUANDO me llaman desde un número desconocido nunca descuelgo el aparato porque me pongo a eructar largamente y no quiero quedar como un maleducado. No lo puedo evitar. Es una reacción automática.


¿POR qué nadie me ha presentado a la garbosa peluquera que le rizó el rizo a Superman? Así de delirante inició el escritor su cuentecillo, pero una feminista compulsiva le vino a la cabeza en ese instante y las campanas doblaron por la fantasía: acaso fuera un hombre, convino con aquella, quien le rizó el rizo a Superman.


DE la noche a la mañana, las calles se han quedado desiertas de gente. Los sintecho yacen muertos, desatendidos, y el resto de seres humanos están todos conectados a Internet. Los que ya se han tratado en persona se relacionan así más cómodamente, sin necesidad siquiera de vestirse, y los que no se conocen fantasean con cómo será quien se encuentra al otro lado de la pantalla. "¿Será un monstruo? ¿Será un príncipe?", se pregunta soñadora la bella Olivia. ¡Qué nervios!


QUIERO ejercer de escritor, pero mientras mi tonta no me regale unos pantalones de pana y un chaleco de lana no conseguiré mi propósito, ya que detesto profundamente ir de compras y sin esas prendas, por misterios de la vida ausentes en mi armario, es imposible ejercer de escritor como es debido. Sin embargo, si me regala los pantalones y el chaleco, ay, si me los regala, ejerceré de escritor veinticinco horas al día, seré un intelectual en toda regla. Poesía, novela, cuento, ensayo, teatro, columna periodística…, ningún género de todos los habidos y por haber se le resistirá a mi pluma. Llevaré, además, un minucioso diario en el que daré cuenta, le importe o no a la gente, de mi constante relectura de Dante y de la enorme fascinación que me provoca Bach, al igual que de mis enriquecedoras experiencias como conferenciante por el mundo entero (pues como tal seré sin duda requerido) y de mis encuentros con unos y con otros, ¡faltaría más!, en los numerosos actos literarios a los que acudiré, pantalón de pana y chaleco de lana, con una ensayada sonrisa por delante.

AFORISMOS, FRASES DE AGENDA Y OTRAS ANOTACIONES


AFORISMOS


La música manifiesta lo bello del silencio; el color, lo bello de la transparencia.


Escritos cien aforismos, no te quedes más de diez.


Si ha salido prácticamente solo, casi seguro que el poema es bueno.


Sé un niño escribiendo y un viejo corrigiendo. O al revés.


Quien quiera ser un artista serio tómese en broma a sí mismo, pero tómese en serio el arte, porque el arte no es serio.



FRASES DE AGENDA


Desengañarse de todo, sin desengañarse también del propio desengaño, es como quedarse en mitad de un túnel.


Prudencia y valentía, nunca por separado.


Ponerse a la defensiva seduce al ataque.


Funesto es desoír la conciencia; santo, obrar a su gusto; místico, reconocerla como el gusto propio.


Cuando no se quiere quedar por encima de nadie, se coge altura.



OTRAS ANOTACIONES


Un desconocido me tildó de arrogante. ¡A mí, al poeta más puro de mi época!


Está el ambiente enrarecido y tenso, como si hubiera llegado la paz mundial.


Llevo una temporadilla escribiendo con un carámbano y lo cierto es que estoy encantado con las prestaciones que me ofrece.


Treinta años esperando que me llegue el turno en esta pescadería y el centollo que miro desde que entré aún sigue moviéndose. Para mí que me ha hipnotizado.


Enciendes la página en blanco, como si fuera la televisión, y vas cambiando de cadena hasta que encuentras algo que te gusta. Es verdad que a menudo no echan nada interesante, o que te quedas viendo tonterías, pero de ahí a tenerle miedo…



CODA: TRES OCURRENCIAS


Titular: Pillan rezando a un ateo


Título de novela: Solteronas encantadas de tener gatos y sobrinos


Sueño erótico: Elsa Pataky aplicándose el champú bajo la lluvia.

MUJER BOTERIANA



Mujer fumando (Botero)


Por su gordura, en absoluto problemática para ser medianamente feliz, Olaya tiene sufridos muchos complejos; pero gracias a sus tetas, ocupantes también de un amplio espacio, parece haberlos superado definitivamente. Sí: Olaya saca pecho, y hace bien.