jueves

CON LUNA ROJA


Qué dulce y tierno despertar
oyéndote, naturaleza,
no sólo en esos pájaros que anuncian
el regreso del circo
a la ciudad:
                  también
en el gracioso, encantador sonido que está haciendo
el pis de Luna Roja
con el agua del váter.

*

Hasta hace bien poco
-no sé si un mes o un siglo: el tiempo me confunde-
en mañanitas claras como esta
prefería escribir a solas y al dictado
de la luz, de la brisa, de la lluvia ligera que ahora cae...,
de todas esas cosas que manifiestan, siempre
con algún matiz nuevo, lo bello del silencio
y de la transparencia.

Entraba Luna Roja y me enervaba.
Calladamente, por no herirla, me enervaba.

¡Qué ceguera la mía!
                                  ¿No veía
que alrededor de ella, cervatilla de cuento,
revolotean todas esas cosas
igual que las palomas en torno de una iglesia?

*

Pese a que siempre hables claro,
a veces no comprendo del todo lo que dices:
por culpa del amor
me parece escuchar, al escucharte,
la hierba blanda, las olas suaves, las nubes rosas.
Aunque acaso sea entonces, no lo sé,
cuando más profundamente te comprendo.

*

En una sobremesa de domingo
él empezó a recitarle un poema.
Ella tenía hipo y le interrumpió.
Él se tumbó empachado.
Ella se acurrucó en su pecho.
Él descartó creerse un galán.
Ella se durmió ipso facto.
Él despertó a la media hora.
Ella seguía dormida.
Él deseó zambullirse en su sueño,
pero se preparó un café.
Ella le comentó al levantarse
lo que había soñado.
Pasó un avión.
Él estaba leyendo.
Ella encendió el televisor.
Las horas pasaban.
Nada extraordinario pasaba.
Pasaba la vida, tranquila
como la sombra de un manzano.

*

Nunca podrás,
picadura mortal de la costumbre,
acabar con la magia
de lo nuestro:
                      todavía hoy,
después de haber llovido tanto,
cada objeto que toco pensando en ella
se convierte en una rosa.

*

Genuinamente
la tarde le sonríe,
llena el cuarto de luz,
le facilita la labor
ahora que cose, luminosa también,
sentada junto a la ventana.

Llama a la puerta el pensamiento,
tantas veces oscuro vendedor
de vaguedades.
                        Abro y digo
no, gracias, buenas tardes.
Y cierro con la grata sensación
de que todo, pese a todo, es como debe ser.

*

Yo quisiera
con lenguaje sensual
elogiar tu cuerpo,
tonta mía,
                 de arriba
abajo,
           de abajo
arriba,
           de arriba
abajo,
           pero
acabo de dejarme la lengua, como ves,
en tu pómulo izquierdo
(tan adorable como el otro)
y ya no puedo, claro, articular palabra:

esto intenta decirte
-con las manos,
con el minero negro,
con los ojos-
el amor que te tengo.

*

Luna Roja:

No sé por dónde empezar esta carta que te escribo
ahora que te has ido a la cocina.
No sé por dónde empezar y sin embargo confío,
confío, confío en la luz que me guía
del mismo modo que en ti
(plenamente).
                       Así,
para escoger los vocablos idóneos,
sobre esta mesa humilde
he decidido abrir, cual diccionario básico,
mi corazón.
                    Sé, gacela
mía, que no me engañará:
la primera vez que te vio
adivinaba en el tuyo los más puros manantiales
y no se equivocaba, no, no se equivocaba…
¿Te acuerdas?
                        Era casi Navidad.
Y desde entonces siempre es Navidad.
¡Alabado sea el Señor!

Hemos sobrevivido juntos a tres gobiernos
como a tres catástrofes ambientales.
¿Cómo enhebrar a estas alturas unas líneas
capaces de sorpresa?

He aprendido sacrificio:
realizo las tareas del hogar
sin queja alguna de mi yo lírico.

He visto la palabra felicidad
acogida en esta casa.
Vino hecha polvo.
Tú le curaste las heridas
y eliminaste restos de purpurina
que quedaban en su rostro.

Eres por gracia divina
como vela encendida, y por gracia
divina no lo sabes.
Sin ti yo anduve sonámbulo en el mundo
como en un dormitorio a oscuras.
¡Menos mal que surgiste!

Mientras te escribo, cae la noche
lentamente
                   como pluma de ave,
lentamente
                   como pluma de ave.

Mientras te escribo, hay por momentos
un silencio
casi total: las pintorescas voces de las piedras
no cesan de entonar melodías ambiguas:
para los que están tristes, solemnes;
para mí que te amo, ligeras.

Me gustaría tenerte aquí a mi lado,
ver y escuchar estas cosas
con cuatro ojos, con cuatro orejas cada uno.
Sólo pasan en los poemas, me dirías tal vez
-y dirías verdad-,
mas los poemas suceden en la vida
y la vida sucede en el misterio.

¡Misterio!

Misterio es tu pelo, misterio es mi bata, misterio
es el resoli.
Misterio es todo, pero a todo nos acostumbramos.
Misterio es todo, pero en otoño llueve.

Mientras te escribo, ha salido la luna.
Como no vengas en un minuto
te daré unos cachetes en las nalgas
o le quitaré a la ventana el cristal
para llevártelo dentro
con alguna que otra estrella.
Ha salido la luna y quiero demostrarte
que la luna no puede ser tú
y en cambio tú
                         sí puedes ser la luna.



Luna Roja en pijama.

viernes

BREVE PASEO FOTOGRÁFICO POR AVILÉS
















Capilla de Jesusín de Galiana. Es tan bonita de cerca que el autor de la fotografía, justo en el momento de disparar, quisiera ser un espontáneo que agarrara la mano de la mujer cuya nariz (no es una zanahoria, no) puede apreciarse a la derecha. Un espontáneo que agarrara su mano y que entrara con ella, enamorándola al instante, directamente a casarse.















Estanque del Parque de Ferrera. Donde el autor de la fotografía, justo en el momento de disparar, quisiera ser pato. Al igual que el árbol aquí captado, que no es que quiera besar el agua como acaso parezca a simple vista. 















Arcos de la Calle de Galiana, mientras suena (nota para sordos) la Guantanamera. Donde el autor de la fotografía, justo en el momento de disparar, en un arranque de locura, quisiera ser quien es.

jueves

EN HONRA DE MI PADRE



No estoy para himnos.
No estoy para himnos
pero tampoco pido una elegía:
los muertos que nos aman no quieren vernos tristes.

Concédeme, musa,
algo que a las dos partes nos contente
o que, al menos, a ninguna nos ofenda.

*

En lo que dura este poema
mi padre olvida que murió.

Soy de nuevo un bebé tranquilo
y en sus manos, pequeñas y robustas,
miro a mi alrededor
con el asombro de las primeras veces.

No sé qué es todo esto. No lo sé
pero me está gustando. Y sonrío a mi padre
en señal de gratitud.

*

Candorosos años ochenta.
En típicas estampas paternofiliales
(no podían faltar, que no se diga, en nuestra historia)
nos íbamos felices y contentos
con la pelota al parque
o con la caña al mar.

Recordando esos tiempos
me encamino, como un equilibrista,
del nudo en la garganta
a la alegría en el corazón.

*

Acogedora y cálida
como sala de estar con chimenea
era su voz.

Qué dolor no escucharla:
se ha convertido en el silencio.

Qué dolor no escucharla
y, en el dolor, qué bálsamo:
el silencio
me da más paz que antes, me suena familiar.

*

Ver el mundo
de color azul grisáceo,
del color de los ojos de mi padre.

Desde dentro, desde el origen,
mezclando realista
cemento y cielo abierto, es él
quien me llena de vida la mirada.

*

Partidos por la mitad cual panes
tendríamos que estar, por lógica,
los que tanto le amamos.

Partidos por la mitad:
mitad esposa, mitad viuda,
mitad hijos, mitad huérfanos.

¿Por qué no estamos así?

¿Habrá persuadido a la muerte,
con su pico de oro,
de que debemos permanecer enteros?

*

En sus últimos años
                                  -tiernos animalillos,
traídos a su mundo por dos nietos-
me demoraba a veces observándole
sin que se diera cuenta. No quería perderme
ningún gesto: como él, como todos los suyos, intuía
quién se iría el primero al otro barrio.
Y temía un adiós.

Fallé en lo del temor: intuyo un hasta siempre.
Aunque nunca volvamos a reunirnos, ¡qué le vamos a hacer!,
al calor del antiguo hogar.

*

Siempre será buen padre.
No: muy buen padre.
No: un padre buenísimo, de película.

Más bondadoso que San Francisco de Sales.
Más sabio que Sócrates.
Más inteligente que Einstein.
Más simpático que Cantinflas.
Más guapo que Paul Newman.
Más padre (en su parcela al menos) que el mismísimo Dios.

En suma, un padre
-dicho sea con todos los respetos-
mejor que el de Jorge Manrique.

*

El muerto al que canto se porta de maravilla:
no prende ni apaga luces ni cambia objetos de sitio
ni hace nada de eso que se dice que hacen
los espíritus.
                   Es además
infinitamente paciente y comprensivo
y me ayuda a resolver cualquiera
de mis dilemas metafísicos.
Ya no gasta, agreguemos, el mal genio que gastaba
cuando estaba menos vivo.
(El amor más allá de la muerte,
experto tallador de diamantes,
ha hecho con él un trabajo muy fino).

El muerto al que canto se porta de maravilla
y va a todas partes conmigo,
igual que si él fuese un ratoncito adorable
y yo el bolsillo donde lo lleva un niño.

*

Me creó en un día de primavera.
Me enseñó a caminar (en el más amplio sentido del verbo).
Me fue leal.

Sé por él
que el cielo existe:
se lo ganó a pulso
en mi recuerdo.




sábado

TEXTOS HÍBRIDOS


HOY me detuve un momento con el hombre que nunca sale a la calle sin paraguas. Hace muchos años que nos cruzamos, y jamás lo he visto sin su paraguas. Le pregunté el porqué de tan curiosa costumbre y me respondió que cada vez que sale de casa empieza a llover. “Pero ahora mismo no está lloviendo”, le dije. “Eso es lo que parece”, replicó.


CUANDO me llaman desde un número desconocido nunca descuelgo el aparato porque me pongo a eructar largamente y no quiero quedar como un maleducado. No lo puedo evitar. Es una reacción automática.


¿POR qué nadie me ha presentado a la garbosa peluquera que le rizó el rizo a Superman? Así de delirante inició el escritor su cuentecillo, pero una feminista compulsiva le vino a la cabeza en ese instante y las campanas doblaron por la fantasía: acaso fuera un hombre, convino con aquella, quien le rizó el rizo a Superman.


DE la noche a la mañana, las calles se han quedado desiertas de gente. Los sintecho yacen muertos, desatendidos, y el resto de seres humanos están todos conectados a Internet. Los que ya se han tratado en persona se relacionan así más cómodamente, sin necesidad siquiera de vestirse, y los que no se conocen fantasean con cómo será quien se encuentra al otro lado de la pantalla. "¿Será un monstruo? ¿Será un príncipe?", se pregunta soñadora la bella Olivia. ¡Qué nervios!


QUIERO ejercer de escritor, pero mientras mi tonta no me regale unos pantalones de pana y un chaleco de lana no conseguiré mi propósito, ya que detesto profundamente ir de compras y sin esas prendas, por misterios de la vida ausentes en mi armario, es imposible ejercer de escritor como es debido. Sin embargo, si me regala los pantalones y el chaleco, ay, si me los regala, ejerceré de escritor veinticinco horas al día, seré un intelectual en toda regla. Poesía, novela, cuento, ensayo, teatro, columna periodística…, ningún género de todos los habidos y por haber se le resistirá a mi pluma. Llevaré, además, un minucioso diario en el que daré cuenta, le importe o no a la gente, de mi constante relectura de Dante y de la enorme fascinación que me provoca Bach, al igual que de mis enriquecedoras experiencias como conferenciante por el mundo entero (pues como tal seré sin duda requerido) y de mis encuentros con unos y con otros, ¡faltaría más!, en los numerosos actos literarios a los que acudiré, pantalón de pana y chaleco de lana, con una ensayada sonrisa por delante.

AFORISMOS, FRASES DE AGENDA Y OTRAS ANOTACIONES


AFORISMOS


La música manifiesta lo bello del silencio; el color, lo bello de la transparencia.


Escritos cien aforismos, no te quedes más de diez.


Si ha salido prácticamente solo, casi seguro que el poema es bueno.


Sé un niño escribiendo y un viejo corrigiendo. O al revés.


Quien quiera ser un artista serio tómese en broma a sí mismo, pero tómese en serio el arte, porque el arte no es serio.



FRASES DE AGENDA


Desengañarse de todo, sin desengañarse también del propio desengaño, es como quedarse en mitad de un túnel.


Prudencia y valentía, nunca por separado.


Ponerse a la defensiva seduce al ataque.


Funesto es desoír la conciencia; santo, obrar a su gusto; místico, reconocerla como el gusto propio.


Cuando no se quiere quedar por encima de nadie, se coge altura.



OTRAS ANOTACIONES


Un desconocido me tildó de arrogante. ¡A mí, al poeta más puro de mi época!


Está el ambiente enrarecido y tenso, como si hubiera llegado la paz mundial.


Llevo una temporadilla escribiendo con un carámbano y lo cierto es que estoy encantado con las prestaciones que me ofrece.


Treinta años esperando que me llegue el turno en esta pescadería y el centollo que miro desde que entré aún sigue moviéndose. Para mí que me ha hipnotizado.


Enciendes la página en blanco, como si fuera la televisión, y vas cambiando de cadena hasta que encuentras algo que te gusta. Es verdad que a menudo no echan nada interesante, o que te quedas viendo tonterías, pero de ahí a tenerle miedo…



CODA: TRES OCURRENCIAS


Titular: Pillan rezando a un ateo


Título de novela: Solteronas encantadas de tener gatos y sobrinos


Sueño erótico: Elsa Pataky aplicándose el champú bajo la lluvia.