viernes

Poema de José María Fonollosa

 
ZELESTE 2

Lo básico vital es sencillísimo:
amar, comer, dormir. Y eso ya basta
para hacer digno y bello el transcurrir
por un tiempo sembrado de regalos.

Me asombra descubrir la mucha gente
que vive de este modo. Que empezó
a vivir de este modo ya al principio.

Sin saberlo, quizá, sin meditarlo,
estaban en lo cierto. Amar, comer,
dormir es placentero. Y es lo básico.

Qué difícil camino a lo sencillo
he estado recorriendo muchos años
buscando la razón de la existencia.

Amar, comer, dormir. Esta es la clave
del porqué de la vida, el ser en ella.
Qué prodigio poder cada jornada
amar, comer, dormir. Cuántas delicias.



Poema de Francisco Pino


LOS OTROS OJOS

Mirar, pero no ver,
colocar otros ojos,
quizá los de aquel niño
que viejísimo mira.

Unos ojos perdidos
y hallados a diario
ciegos como ese río 
que viejísimo mira.

Mirar es eso mismo,
un dolor, quizá un agua
que no ve y que, reciente,
qué viejísima mira.



Poema de Miguel de Unamuno

 
Juan de la Cruz, madrecito,
alma de sonrisa seria,
que sigues tu senderito
por tinieblas de miseria,

de la mano suave y fuerte
de tu padraza Teresa,
la que corteja la muerte;
la vida ¡cómo te pesa!

Marchas por la noche oscura,
te va guiando la brisa.
Te quitas de toda hechura,
te basta con la sonrisa.

De Dios el silencio santo,
colmo de noche sin luna,
vas llenando con tu canto,
para Dios canto de cuna.

Madrecito de esperanza,
nuestra desesperación
gracias a tu canto alcanza
a adormecer la razón.



Poema de Juan Ramón Jiménez

 
PRIMAVERA

(VARIACIÓN)


¡Cómo, olor,
me entras la rosa en el alma!

¡Cómo, luz,
me entras la estrella en el alma!

¡Cómo, amor,
me entras la vida en el alma!



Poema de María Victoria Atencia

 
ANNUNZIATA

Tu mensajero vino y me habló brevemente:
déjame una quietud que siga a su recado.

Descalza en los umbrales de la aurora me tienes:
recogeré mi pelo y dispondré mi cuarto.

(Por el otero asoma tu ternura impaciente.
Te conozco a su luz. Date prisa. Te aguardo).



Poema de Catulo

 
IUCUNDUM, MEA UITA, MIHI PROPONIS AMOREM

Me prometes, mi vida, que este amor
será eterno y feliz entre nosotros.
¡Grandes dioses, que no prometa en vano!
Y que lo que ahora dice sea sincero
y sea de corazón,
para que sea posible que perdure
este lazo perenne de nuestro amor sagrado
por toda nuestra vida.


[Traducción de Aníbal Núñez]




Poema de Anna Ajmátova

 
El ángel que tres años me estuvo guardando
ascendió entre rayos y fuego,
mas sigo esperando el día más feliz
cuando él regrese a mí.

Las mejillas, hundidas, desangrada la boca:
quedó desconocida mi cara.
Ya no soy aquella belleza que un día 
lo llegó a turbar con su canto.

Recuerdo lo que al despedirse me dijo,
y en la tierra nada me asusta.
Cuando entre, me inclinaré a sus pies,
yo, que apenas le daba un saludo.


[Traducción de Tatiana Bubnova]




Poema de Diego Jesús Jiménez

 
FUGACIDAD INMÓVIL 

El poema que intentas
como el amanecer va deshaciéndose; es una nebulosa
que no puede expresarse. Su luz involuntaria te demuestra
la inutilidad del sentimiento.
                      Igual que se disuelve
la imagen de la nieve en el sauce
que nos introducía en el invierno, o huye hacia el reino vegetal la serpiente
en algunas variedades de cactus, buscas
–como si se tratara de un paraíso perdido–
entre las ruinas de la realidad.
Al conocer la alquimia 
en la que se refugia su linaje, abandonas
poco a poco la farsa
de construir un decorado con sonidos retóricos.
              Conviertes el lenguaje –causa de nuestra esclavitud–
en un jardín privado donde ensayas
lo mismo que el filósofo: saltar sobre tu sombra.

Como en el caleidoscopio, conocedoras del azar,
cambian en el poema las palabras al menor movimiento 
o se ahogan en él lo mismo que los rostros
en el agua estancada de las fotografías.
                             Te emociona lo escrito, como te emocionaría 
la aparición de algún antepasado, pues
llegan atravesando las paredes del tiempo los signos
que iluminan la nada.

                                 No te engañes, ni exhibas
el plumaje fantástico de los pavos reales: escribes el poema
que a sí mismo se escribe; enciendes la elocuencia 
vacía de la muerte.